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viernes, 14 de agosto de 2009

1ra entrega de "NO PIERDAS DE VISTA EL CUADRO"


Serie con animaciones y videos
"¡EN EL CONSULTORIO NO!"
Mandamientos difundidos.
Sin debate concebidos.



- 3 -

"No pierdas de vista el cuadro"
(primera entrega)


Lo que aquí inicio es fruto de discusiones
con mi propia práctica, en este caso al calor
de los seminarios VII y XI de Lacan.
La apuesta, una vez más:
cuestionarme el hacer,

precisar sus por qué,
disponerme a soltar lo que pide caer.
Y compartir una pasión
que ambiciona intercambio.




"¿Qué clase de paciente tenés frente a vos?", "¿qué cuadro presenta?", "¿cómo podés tratarlo si no lo sabés?".

Cuando un psicoanalista se hace estas preguntas, está afuera.

(todo este recorrido que aquí sólo inicio intentará decir por qué)

Está afuera del campo en donde sucede un psicoanálisis.

Si está afuera, también está afuera el que le habla.
Aunque los dos estén adentro del consultorio conversando.

Todo lo que habrá allí serán temas que acaso pinten de cuerpo entero al paciente, a su familia, a su historia.

Pero no es poniéndose al servicio de eso que habrá un psicoanálisis.

Hace falta que suceda otra cosa mientras se habla de temas.




Y hace falta ponerse al servicio de lo que sucede mientras se habla de temas,
para servirse de ello en la cura.
(1)

Fue por todo esto que Lacan se metió con un cuadro del siglo XVI: "Los embajadores", de Hans Holbein, pintado en la corte de Enrique VIII.

¿Pero qué demonios podrá tener que ver ese cuadro con un tratamiento?

Paso a paso...

Les propongo hacernos acompañar por un tipo que sepa de pintura hasta la National Gallery de Londres (2):
"mire licenciado, doctor, lo que sea... a mí me interesa una pintura en particular; necesito que me ayude a
entenderla".




El guía, ya ha fijado sus honorarios, se dispone a hacernos pata en la aventura que le proponemos:
la del sujeto del conocimiento (3),
la de aquél que apuesta a encontrar el buen punto de vista desde donde poder entender lo que necesita entender.

(lo que se necesita entender es tan diverso e insólito como los nombres de lo que nos apremia:
ya el secreto de una pintura, ya el por qué me hago pis en la cama.
Ya el contexto histórico de tal cuadro, ya el trauma de mi pasado que habría de explicar (?) esta enuresis que me hace penar...)


Para el sujeto en cuestión
cuanto más hablamos y miramos y analizamos
más cerca estamos de la verdad...


(Holbein retratista de la corte de Enrique VIII, la misma de la serie de TV "Los Tudor"/los retratados: dos embajadores franceses que intentarán convencer al rey de que no anule su matrimonio con Catalina de Aragón para evitar la ruptura con la iglesia católica...



... Sobre la mesa: símbolos del prestigioso saber que los avala / Se trata de un óleo sobre tela/ observen los elementos pintados/ la perspectiva utilizada, la...)


Para no ponernos largueros, aquí una pausa.
Nuestra visita al cuadro continuará con la próxima entrega de esta suerte de folletín. Para entonces comenzaremos a entramar nuestra aventura de sujetos del conocimiento con lo que sucediera entre un hipotético paciente (4) y su psicoanalista, cuando aquél ingresara enfurecido al consultorio...

Los dejo vagando por Londres. Biquerful!.


Guillermo Cabado


(La animación insertada en este blog es una compaginación mía hecha sobre la fuente de un video hallado en Youtube como "Art Presentation")


(reproducción en una calle de Londres, como parte de la publicidad del Museo)




(1) Para quien haya visitado el seminario VIII de Lacan esta fórmula de servir para servirse les resonará en la clase de apertura del mismo, cuando reúne a Freud con Sócrates.

(2) El cuadro en cuestión se encuentra en el 2do nivel, sala 4 de la National Gallery: clic aquí


(3) Para ir poniendo en perspectiva: se trata del sujeto cognoscente, el sujeto cartesiano que Lacan contrapondrá al sujeto del significante en el seminario XI, cuando retome durante febrero y marzo de 1964 su diálogo con "Los embajadores", iniciado en su seminario VII. Las versiones de dicho seminario XI con las que cuento en castellano son la de Paidós (revisada por Diana Rabinovich) y una traducida por Oscar Masotta. Cuando surgen diferencias acudo, diccionario en mano, a las valiosas estenotipias de la página de la École Lacanienne: http://www.ecole-lacanienne.net/seminaireXI.php, que en general terminan inclinando la balanza hacia la de Masotta.

(4) El relato que les compartiré no será sin la suficiente deformación de una situación de consultorio; deformación necesaria a efectos de hacerla pública.



2da entrega de "NO PIERDAS DE VISTA EL CUADRO"


Serie con animaciones y videos


"¡EN EL CONSULTORIO NO!"
Mandamientos difundidos.
Sin debate concebidos.


- 4 -




"No pierdas de vista el cuadro"
(segunda parte)




Los planteos aquí realizados no son sin el diálogo mantenido
con algunos cuestionamientos que Lacan se hiciera
en sus seminarios
VII y XI.

En ese diálogo una y otra vez me pregunté:

¿qué lo llevó a buscar, y qué buscaba, en ese cuadro?.

Mi apuesta aquí es, otra vez,

seguir pensando al calor de los problemas cotidianos del consultorio (1).





Parados frente a "Los embajadores", en la National Gallery.
Ahí estábamos la última vez.


La mujer vestida de naranja (en la foto junto al cuadro) dice:
"parecen reales;
de no ser por las ropas, bien podrían ser unos de nosotros".


Entonces el guía aporta:
"Holbein tenía esa capacidad pictórica
que facilita
que a los ojos de alguien


un par de hombres pintados en una tela,
(un plano de dos dimensiones
)
se mimeticen con el medio ambiente

al punto de hacernos sentir
que entramos en
el mundo de los hechos,
(la tridimensión del
mundo de las cosas).


(clic en el video)

(Holbein pintando a Enrique VIII y Catalina de Aragón, según la serie de TV "Los Tudors")



El guía nos aporta sobre las técnicas de Holbein...


Nuestro ojo a su vez se posa en "Los embajadores":
a más información sobre el objeto en cuestión...


... mejor posicionados para entenderlo.

El órgano y el sujeto del conocimiento retozan felices (2).



Mientras tanto, imperceptible, nos sucede un clásico fenómeno ilusionista.


El mismo que acontece a cada rato en la vida cotidiana,
cuando alguien nos habla
y hablando nos pinta los hechos que le incumben...



Veamos:

¿qué está haciendo nuestro ojo frente al cuadro? (3)




Nuestro órgano hace foco.

Pero también atraviesa (4).

Ha atravesado, sin "darse cuenta", la superficie de la tela.

Acaso con el apetito abierto por la elocuencia de lo que ella muestra.
Pero, por sobre todo, encendido/enceguecido.


Encendido por esa cualidad del conocimiento que hace que yo crea que las cosas me.

Las cosas me stán dirigidas.

Me están hechas a medida.

A la medida de mi capacidad de conocer.


Para el sujeto del conocimiento,
(cuando está "activado"....
tantas otras veces lo que le llega, simplemente le resulta indiferente)

las cosas son a sus entendederas,
lo que la uña a la carne
o el culo al calzón.

Y la representación de las cosas
una suerte de enlace neutro.
Servicial.




Se trata aquí, vía enlace o "link",

de una relación

punto a punto

. <-> .

entre

las cosas
y mi entendimiento
(5)





Así sucede el pase de manos típico de los ilusionistas:

imperceptiblemente,
de la representación volamos al mundo de los hechos representados.


clic en el video (hay un par de fundidos a negro pero continúa)




Ilusionismo inadvertido de todos los días:

nos hemos metidos de lleno,
sin aviso previo,
en la tridimensión de los hechos que la pintura evoca.
(¡el problema, ya lo veremos, es cuando esto sucede en el consultorio!)


Pero ese pase mágico...

¿es mérito de la técnica del pintor y sus trucos de mímesis?


¿Acaso no me sucede lo mismo cuando un paciente,
sin técnica alguna y a veces hasta tartamudeando,
me cuenta/me pinta su pelea en la calle
y al escucharlo
yo me transporto al lugar de los hechos?.


En definitiva, ¡ojo!:
¿cuál es el resorte que causa tal mímesis?
(6).


¿El dominio de una técnica para representar fielmente las cosas?...



(detalle del ala de una mariposa búho)



¿O un punto fascinante en lo dado a ver,
que nos encandila
al punto de hacer desaparecer ante nuestros ojos
que allí no se trata sino de representación?.



¿El resorte está en lo que se pinta o en qué se hace al pintar?.



¿Está en lo que se dice o en qué se hace al decir?.





Volveremos a dejar por un rato la National Gallery.

Ha sonado el timbre del consultorio.

Un hombre enfurecido espera que le abramos.




Hasta entonces.
Con lo que será la tercera parte de este recorrido.


Guillermo Cabado



(1) Para más datos sobre tal diálogo, mis notas en "Rastreo de cómo aparece el cuadro en las clases del seminario VII de Lacan": clic aquí. En particular conviene no perder de vista en qué se interesa Lacan antes de empezar a hablar de "Los embajadores": el caso de una mujer con una curiosa relación con el pintar.

(2)
En este punto, dos precisiones:
1) no hay en este planteo ninguna propuesta de cómo se debe o no se debe mirar un cuadro.
2) el sujeto del conocimiento no es opuesto al "sujeto espontáneo" o al "sujeto contemplativo que se deja sentir por el objeto artístico". No se trata aquí del divulgado "inteligencia racional" vs "inteligencia emocional". El sujeto del conocimiento bien puede ser "el sujeto espontáneo que se-deja-fluir-e-inundar-por-el-objeto-artístico-contemplado". En otra ocasión acaso retome estos asuntos al calor de una deliciosa película con trampitas: "Amelie" (clic), esa chica Renoir.


(3) A esa suerte de parque de diversiones que resulta ser la siembra de pistas a través de libros, cuadros y poemas que hace Lacan en sus clases, convendrá agregar aún otra pista: "Entre Bataille y Lacan. Ensayo sobre el ojo, golosina caníbal" (clic) de José Assandri. Allí una serie de referencias de intertexto con el seminario XI de Lacan, no explicitadas en el mismo.

(4) Y cuando atraviesa seguramente ya no estamos en el campo del órgano de la visión, sino en una cuestión de rectas que se trazan imaginariamente en el espacio. Un campo en el que videntes y no videntes están incluidos. Me parece muy interesante desarrollar esta idea apenas esbozada aquí, haciendo un contrapunto entre la referencia a Diderot (clic) realizada por Lacan en las clases del 26/2 y del 4/3 del seminario XI y la película de Jocelyn Moorehouse, "La prueba" (clic). Puede que de ello nazca algún otro capítulo de esta serie.

(5) Aludo aquí al planteo lacaniano de la condición paranoica que siempre guarda el conocimiento (¡sin que en ello deba interpretarse que Lacan patologiza el conocimiento!).
Por lo demás, que las cosas estén hechas a mi medida incluye la idea de que muchas veces necesito previamente profundizar mi entendimiento para llegar a calzar bien con ellas. Como sea: para el sujeto del conocimiento, el buen acople siempre está
en el horizonte.

(6) En las clases del 19/2 y del 4/3 de su seminario XI Lacan se meterá con la cuestión del mimetismo. Allí hay una referencia al trabajo de Roger Caillois, no hay referencias a obras de George Bataille, cuyo trabajo se vinculara con el de aquél, como "Historia del ojo" (clic) o "Lágrimas de Eros" (clic).


Los videos aquí incluidos:

* fragmento del 8vo capítulo de la primera temporada de "Los Tudors" (producción Peace Arch Entertainment)

* el video "3D": autoría de Martin Jones; fuente: Youtube



Las fotos además de las vinculadas a "Los embajadores"):

* fotograma del video citado de "Los Tudors"

* fragmento del famoso fotograma de "Un perro andaluz" de Buñuel (película de guión compartido con el mismo Dalí del
método paranoico crítico con el que dialogara Lacan en los tiempos en que recién se asomaba a Freud);

* ocelo en el ala de una "mariposa búho"

jueves, 13 de agosto de 2009

3ra entrega de "NO PIERDAS DE VISTA EL CUADRO"


Serie con animaciones y videos

"¡EN EL CONSULTORIO NO!"
Mandamientos difundidos,
sin debate concebidos.


- 5 -



"No pierdas de vista el cuadro"
(tercera parte)



¿Por qué se metió Lacan con el cuadro "Los embajadores"?
Sostengo esa pregunta y este juego.

(El cuerpo principal de este post ha sido escrito
con la expectativa de que quien lo lea
no requiera de conocimientos previos sobre psicoanálisis para abordarlos.
Las llamadas a pie de texto,
son pequeñas puertas entreabiertas).




Es momento de trazar un puente
entre la pintura de Holbein en la National Gallery
y algo que sucede en el consultorio:


(Hans Holbein, según la serie "Los Tudors")


Llega un paciente, enfurecido.
Hace un rato no más, un hombre se le ha querido adelantar en una fila de trámites.
Como puede, el paciente le pinta (1) el hecho al analista:
"el tipo me hizo ver como un estúpido".
Remata:

"decí que soy educado, porque sino..."
.
El analista piensa:
"típico neurótico obsesivo".

Enseguida registra que éste no es sólo un pensamiento, sino que algo está haciendo con él. El paciente sigue hablando.

.
Pausa.
En este artificio que les convido, vale apretar pausa.

Vale también meterse con las cosas que a veces nos suceden cuando escuchamos a alguien que nos cuenta su padecer.

Foco entonces en el detalle de ese pensamiento del analista.



Por cierto, la frase del paciente
(del estilo
"haría tal cosa... pero no")
y otros elementos previos
le indican que
el modo de hacer de este hombre con su deseo
responde a lo que algunos llaman

"un cuadro de neurosis obsesiva".





Así las cosas, estamos en el terreno del llamado "ojo clínico"...

El ojo clínico siempre tiene su guía
en cierto modo del saber
y en la experiencia previa.

A través de ellos hace casuística:

el paciente que tiene frente a sí

puesto en relación
con
otros casos ya conocidos.

Resuena aquí el mandamiento
(¿quién no se las ve con ellos?):

"No pierdas de vista el cuadro y sabrás de qué curar al paciente"





El ojo clínico
realiza, con sofisticación,
esto que el ojo de cualquier persona tiende a hacer
cuando intenta captar algo que podría no entender:


(clic en este video)

(retratos pintados por Hans Holbein, el joven)


Hacer (el paciente) o ver (el "terapeuta") un cuadro clínico
guarda relación con
hacer o ver una pintura desde cierta posición.
La posición de "tengamos el arte en paz"
(2).
Así:

los temas pintados podrán ser muy inquietantes,

o conmovedores,
pero siempre
artista y
espectador saldrán enteros.


Enteros:

el pintor no habrá mostrado más que lo que buscó mostrar (3);

el espectador no habrá sido tomado de ningún otro modo que como espectador.


Pero, además, entre ambos sostienen una relación punto a punto:


. <-> .

así como el ojo del espectador irá al punto que el artista busca expresar...


(foto del video incluido en la entrega anterior: la visión de Holbein de los modelos que está pintando) (4)


... el ojo clínico irá al punto en el que "se expresa" el inconciente.


Como sea, los ojos del conocimiento se sostienen en la convicción de que, más tarde o más temprano, puede ser eliminada la posibilidad de engañarse con lo que se tiene enfrente:
confíanza en el entendimiento

y no en las meras apariencias.



No por nada el saber popular ha acuñado este doblete:

"las apariencias engañan"
+
"lo esencial es invisible a los ojos"


Es la óptica más pregnante (5),
a la que tendemos cotidianamente
y en la que habitamos videntes y no videntes.



Sucede que estamos hablando de
un campo de la visión,

de lo escópico,
donde lo que está en juego,
a pesar de lo que solemos creer,
no es la función anatómica de la visión
sino los rectos hilos que podemos tender
entre
el objeto a comprender
y
nuestro entendimiento.

. <-> .

Aquí un ejemplo de esa óptica punto a punto;
el niño ciego tendiendo hilos entre su entendimiento y su madre dormida
(escena de la película australiana "La prueba") (6):





En nuestra próxima entrega veremos el notable desenlace de esta escena.
.
Pero antes de cerrar este capítulo
necesito soltar el "botón de pausa" que apretáramos en nuestro artificio.
Y volver al consultorio:

..
el analista acaba de pensar: "típico neurótico obsesivo";
pero,
mientras el paciente sigue hablando,
registra que aquello
no es sólo un pensamiento.
Es un pensamiento con el que hace algo:

"me protejo...
como si levantara un vidrio blindado entre él y yo".


¿Pero de qué se protege?




Intuye:
de algo que le causa lo que está dici
endo el paciente.


¿Pero qué de lo que ese hombre está diciendo lo toca?
.
.
Al borde de esta pregunta se dividen una y otra vez las aguas de la teoría del psicoanálisis.
.
Arrastrados por el vaivén de las palabras entre paciente y analista,
hacia allí nos dirigiremos en el próximo capítulo.



Continuará...



Guillermo Cabado




Fuente de los videos:

* animación de cuadros de Hans Holbien: fuente youtube

* escena de la película "La prueba", de Jocelyn Moorehouse (Australia, 1990)




(1)
Cuando digo "le pinta" estoy proponiendo precisar y poner en relación un modo en que el paciente le dice al otro con lo que a Lacan le interesa de lo que el pintor tiende a buscar en el espectador: "el pintor (con excepción del pintor expresionista) le da su pitanza al ojo, pero invita a quien está ante el cuadro a deponer su mirada, como se deponen las armas. Éste es el efecto pacificador, apolíneo de la pintura. Se le da algo al ojo, no a la mirada". Con nuestro avance ya veremos surgir en qué la mirada se diferencia del ojo, el ojo en "su carácter de órgano, tal como surge en el diván" (ambas citas provienen de su clase del 4/3/64 del Sem XI, pag. 108 y 109 de Paidós)

(2) Esto que aquí propongo dialoga con lo que Lacan desliza respecto de cierta posición femenina, que suelo poner a jugar con la película "Amelie": "el mundo es omnivoyeur pero no es exhibicionista, no provoca nuestra mirada" (clase del 19/2, Sem XI, pag 83 de Paidós).
Por lo demás "el tengamos el arte en paz" es una expresión con la que pretendo nombrar a vuelo de pájaro algo que los artistas vienen cuestionando desde hace tiempo, aunque sacando diversas consecuencias de tal cuestionamiento. En relación a eso alguna vez me propuse jugar con una obra de Carlos Trilnick que a mi juicio ubica el punto donde la vertiente del "arte interactivo" suele naufragar en tal intento de cuestionamiento: clic aquí.

(3) Remito a las observaciones que Lacan hace sobre la transferencia en su seminario X, en la clase del 30/1/63, incluyendo aquella frase de su paciente "si yo estuviera segura de que fuera únicamente transferencia" y la función de ese "no más que" (pag 13 texto establecido para circulación interna de la EFBA por Ricardo Rodríguez Ponte)

(4) Esta cuadriculación del espacio, está presente tanto en el portillo de Durero(clic) al que alude Lacan en sus clases sobre la esquizia del ojo y la mirada en el seminario XI, como en aquellos planos que hacía la policía sobre la habitación del ministro ladrón, en el cuento de Poe, "La carta robada" y respecto del cual Lacan construyera su famoso escrito "El seminario sobre la carta robada".

(5) Es lo que en el seminario XI Lacan llama "la óptica geometral".

(6) Hilos que subsanan lo que los hilos de luz no pueden imprimir en su órgano visual. Los ecos del estadio del espejo creo que resuenan allí.
Es muy interesante la función que en el film de Moorehouse aquí citado, tiene la cámara fotográfica: pone en tensión qué es lo que está en juego en la "óptica geometral": ¿un asunto de anatomía o de una relación con el Otro?. Respecto de la óptica punto a punto, se impone presentar aquí una portada del libro de Diderot, "Carta sobre los ciegos para uso de los que ven", que cita Lacan en las clases del 26/2 y 4/3 de su seminario XI:



Por último, a quien le interese dialogar con los planteos de Lacan en las cuatro clases dictadas entre febrero y marzo de 1964 sobre el ojo y la mirada, sugiero este interesante artículo de Daniel Giovannangeli respecto de la dióptrica de Descartes y "El ojo y el espíritu" de Merleau Ponty: http://www.upv.es/laboluz/rev/rev-3/descart.htm




(A partir de mi serie con videos
"¡En el consultorio no!
Mandamientos difundidos; sin debate concebidos"
)



Por cuestiones del trabajo cotidiano, quedó interrumpido la subida de las entregas restantes de la zaga "¡No pierdas de vista el cuadro!", vinculada con el abordaje que hiciera Lacan del cuadro "Los embajadores" de Holbein.
Esperando en breve poder ocuparme de completar la misma y relanzarla, mientras tanto comparto aquí un retoño de aquella elaboración que fui realizando al calor de la coordinación de un taller de dos años en la fundación Lacantonal.

Lo que sigue es una performance presentada en el marco del ciclo "Éxtimo (arte y psicoanálisis juegan en un patio vecino)" que ideé y coordiné en una galería de arte durante el año 2010:



Primer bosquejo
de la performance de Guillermo y Tomás Cabado
"Hans Holbein, hueso vacío del bosque"
(presentado en Objeto a
el sábado 28 de agosto de 2010):




"HANS HOLBEIN,

HUESO VACÍO DEL BOSQUE"







"Me llamo Hans Holbein y hace cuatro siglos y medio que fatigo el espacio en donde mi cuadro se encuentre.

Condenado al convite del ojo
que inventara en esas tardes,

en mi antiguo combate contra las vanidades.

Desde entonces se paran las gentes frente a mi pintura
y dicen:

'me hablaron de vos... Haceme. Causame.
Dame-eso-que-en-mí-se-escabulle'"

(fragmento del texto de la performance "Hans Holbein, hueso vacío del bosque")



("Los embajadores", de Hans Holbein)


Dos veces se ocupó Lacan de este cuadro.
Entre una y otra pasaron cuatro años.

En ese trayecto encontró en el hacer del artista
ciertas resonancias
con el hacer necesario en un consultorio.



Lic Guillermo Cabado


Nota: para más información sobre el ciclo "Éxtimo (arte ypsicoanálisis juegan en un patio vecino)", ingresar a: http://extimopatio.blogspot.com/




lunes, 6 de abril de 2009

.
El "no porque no" convierte al psicoanálisis en un bisturí oxidado.
En esta serie con videos que aquí inicio
apenas un intento de asomarme a la cuestión.
.
.
Serie con videos
"¡EN EL CONSULTORIO NO!"
Mandamientos difundidos.
Sin debate concebidos.


- 1 -

"No serás autoritario con tu paciente"




Dos mujeres se odian y conviven.

Consultan porque no soportan tanto malestar.

El terapeuta halla el modo de hacerles entender que la intolerancia es un escupir hacia arriba.

Veamos:

(el siguiente video pertenece a una instalación de Lynda Abraham (*), gracias a la espléndia ironía de sus máquinas utilitaristas me permití imaginar la situación expuesta)






¡¡Qué feíto, ¿no?!!.

Uno se apura a decir: ¡lejos está de lo que un psicoanálisis podría proponer!.

Sí... ¿pero es tan claro en dónde está la diferencia?.

¿?

¿En las formas?.
Mmm... No son las formas las que definen hacia dónde apunta una cura: la dirección de otro tratamiento, aún con modales libres de fascismo, bien podría ser la misma.


¿En que no usan la palabra?.

Mmm... Su uso tampoco definiría hacia dónde apunta un tratamiento: él se puede limitar al uso-de-la-palabra-y-nada-más-que-la-palabra... y aún así mantener una dirección que nada tenga que ver con lo que el psicoanálisis busca curar.





La diferencia
está en que la lógica de este tratamiento que Lynda Abraham ironiza en su video, se basa en que el paciente haga carne un conocimiento sobre lo que le hace mal y lo que le conviene.

¿Para qué?.
.
Para que luego,
cuando en la relación con la otra mujer "las papas vuelvan a quemar",
recuerde lo aprendido.

(si la letra entró con sangre,
o con palabras bonitas, o con agua en los pulmones,
no es el asunto central aquí)



Si algo enseña la vivencia de un análisis
es que,
cuando las papas queman,
el problema no está en
no poder recordar lo que nos conviene.

Lejos de ello, el problema está en

no poder parar de recordar y recordar y recordar


.

¿Por qué es ése el problema?.

Porque una vez curada
(gracias al efecto cognoscitivo)
la insistente intolerancia de estas chicas,
lo que en algún momento sucederá es
una pasión similar a la que las trajo a tratamiento,
ahora desplazada
y encarnada
en un insistente y quizás tan silencioso como torturante
"te tolero, te tolero, te tolero, te tolero, te tolero, te..."


Freud lo vislumbró con el correr de su obra,
Borges lo poetizó con Funes el memorioso,
Lacan lo puso en blanco sobre negro:
el único límite del recuerdo es
que el recordar no tiene límites
Apostar al recordar,
es apostar a la máquina autosuficiente más aniquiladora.

Por ello la clave de la cura analítica no está en reflotar vaya a saber qué recuerdo.

Más bien habrá que buscarla por el lado de la transferencia.



.

Nota al lector en general: estas últimas líneas pueden regarse con la película "El efecto mariposa"

Nota al lector interesado en literatura psicoanalítica: acaso todo lo aquí desarrollado no sea más que un efecto de lo trabajado en el último tiempo con los grupos de estudio alrededor del seminario VII de Lacan. Sugiero seguir en ese libro los ecos de estas líneas, con un posible epicentro en sus páginas 268 y 269 de la edición de Paidós


(*) He aquí el sitio de la neoyorquina Linda Abraham. ¡Salud a su obra!: http://www.lyndaabraham.com/

.

sábado, 4 de abril de 2009


Serie con videos
.
"¡EN EL CONSULTORIO NO!"
.
Mandamientos difundidos.
Sin debate concebidos.

- 2 -


"No dejes que no recuerde"


Suele pensarse: "un psicoanalista no debe descansar hasta lograr que el paciente procese, elabore, "digiera" ese recuerdo traumático que lo atormenta desde hace tanto".

Pero...

(hagan la prueba, como analistas o analizantes)

a poco de abrir la oreja, se verifica, una y otra vez, lo siguiente:

la escena que el paciente recuerda hoy, ya había sido recordada ayer pero distinta. Y mañana la volverá a recordar en aún otra versión y así otra más pasado mañana y todavía otra más pasado de pasado y ...

De allí proviene la tentación de pensar que el recordar en psicoanálisis es como un viaje al centro de la tierra (o al centro de una cebolla): la suposición de que llegará un día en el tratamiento en que, atravesadas todas las capas, habrá de llegarse a una suerte de núcleo a extirpar (y así curar al paciente).

Pero...

¿y si no hubiese núcleo ni profundidad alguna en la que sumergirse, sino una pura superficie en la que los recuerdos se deslizan al infinito?.

.

¿Qué viraje implicaría eso en el modo de escuchar a un paciente?.


Apurarse a responder sólo sería esconder el problema.

Mejor insistamos aún un poco más en él:


¿Han visto "El efecto mariposa" (1)?


(si tu navegador no te lo permite ver podés verlo con un simple clic aquí:

o instalar los plug in de Adobe Flash)


Quien oportunamente la haya visto, acaso ahora haya sentido cierta extrañeza:

es que acaban de ver un final diferente al original de la película.

Es uno de los cinco finales que los directores decidieron filmar (2).

Quizás esa decisión haya estado influenciada, aunque más no sea de un modo inadvertible para ellos mismos, por lo que voy a postular a continuación:


Los invito a mirar, o volver a mirar, toda "El efecto mariposa" desde esta óptica:
el único límite del recuerdo
es que el recuerdo no tiene límites.



La historia en el film gira alrededor de Evan, el muchacho que ven en estas imágenes, quien ha vivido traumáticamente ciertos episodios de su vida. La rubia con la que aquí lo ven cruzarse, Kayleigh, amada por él, ha participado de esos episodios traumáticos.

Toda la película se dirige hacia los intentos de Evan de tejer una trama de su pasado que lo deje más tranquilo. Una y otra vez cambia y recombina recuerdos... pero el malestar persiste una y otra vez.


(éste tampoco es el final original)
(si tu navegador no te lo permitió ver, hacé clic aquí)


Como sea, más allá del argumento que la sostiene, lo que sucede en la trama es que el conjunto de los recuerdos nunca termina de constituirse, siempre hay uno más por venir: su cierre fuga al infinito.

Por cierto, cuando algo de esto sucede, se suele apelar a un modo de "cerrar el círculo" de los recuerdos. Si ahora nos apoyáramos en la tan mentada teoría de los conjuntos podríamos explicarlo (3). Temo que ello exceda el alcance de este espacio (pensado para producir disparadores de preguntas). Baste por ahora con apuntarlo.

Sin embargo no pasaremos por alto que la película produce, como puede, esa operación de cierre (acaso, quién sabe, aquella multiplicación de finales responda a cierto sentimiento de cierre fallido, como si el juego que los guionistas de la película le hacen jugar al personaje de Evan los haya tomado a ellos mismos):

La idea que orienta a los guionistas es que Evan podrá hacer pie en su vida, recibirse de psicólogo y etcétera, etcétera, en la medida en que finalmente pueda decir "he aquí el conjunto de todos los recuerdos de lo que me ha pasado".

Es decir: una vez que el conjunto se cierre.

Y Evan ya no necesite seguir intentando recombinar recuerdos.

¿Y cómo se produce dicho cierre en la película?,

¿cómo se detiene esa suerte de hemorragia de recuerdos?:

EXCLUYENDO un recuerdo de la batería.


Sugiero ver el final oficial de la película con esta clave.

He allí una pista para seguir pensando el problema freudiano de la compulsión a la repetición, más allá del sesgo fantástico del argumento del film (4).


Hasta la próxima.

Guillermo Cabado

(1) Película de Bress y Mackye Gruber. A mi juicio sin mucho valor artístico, pero provechoso mapa donde poner a jugar el cómo produce Lacan la red de significantes a partir del planteo freudiano de la compulsión a la repetición (wiederholung zwang).

(2) Al respecto pueden ver el siguiente reportaje a los directores en: http://www.esmas.com/espectaculos/cine/370591.html

(3) Invito a leer sin prisa, entre escena y escena de la peli, las páginas 75 y 76 del Seminario XI de Lacan (versión Paidós). Bastará con que donde Lacan dice "reserva de indios" ustedes, en la lógica de "El efecto mariposa", ubiquen a la rubia Kayleigh.

(4) En el contexto de trabajo de "Lacan con cine" suelo proponer un sereno recorrido que cruce el famoso cuento de Edgar Allan Poe, "La carta robada" con una secuencia de películas que bien pueden ayudar a pensar este planteo paso por paso: "¿Qué hora es?" (Ettore Scola) -> "La sociedad de los poetas muertos" (Peter Weir) -> "Como agua para chocolate" (Alfonso Arau) -> "El efecto mariposa" (J. Mackye Gruber y Eric Bress)