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lunes, 13 de agosto de 2012



"NECESITAMOS HABLAR DE ESE HIJO DE PUTA"

(a partir de la película "Tenemos que hablar de Kevin")




Una de Chiche y Mauro (1)

"Tenemos que hablar de Kevin" en su título original es "Necesitamos hablar de Kevin". Las resonancias de esa necesidad se pierden en la traducción, pero son las que se escuchan en el deslizamiento de recuerdos de la mamá de este hijo de puta.

Cuando yo era niño esa expresión se atenuaba sustituyéndola por un "hijo de mala madre". Pero en este llamar las cosas por su nombre (supongamos que esto a veces resulte un poco menos imposible), no hay ninguna apreciación moral en juego sino la puntuación del lugar de Kevin, el hijo de Eva, en este discurso que resulta ser la película que filmó Lynne Ramsay, basándose en una novela que fuera escrita también por una mujer. Ese discurso tejido entre lo que la madre recuerda y lo que de eso le retorna en situaciones como la de la trompada de otra madre: "me lo tengo merecido".

Un quesito para tentar ratones

La película puede resultar, entre otras cosas, una buena trampa para psico-especialistas. Planteada como una sucesión de recuerdos de Eva alrededor de su relación con su hijo durante los primeros dieciséis años de éste (todo lo previo al momento en que Kevin realizara la peor de sus acciones), enhebra un rosario de episodios contados desde la perspectiva materna.



El recuerdo de Eva respecto del estado de ánimo en el que estaba durante el embarazo. O el del día en que naciera Kevin...



... o el de la impotencia en la que la sumergía aquel llanto incontrolable del recién nacido (al punto de arrastrala a llevar el cochecito con el bebé berreando justo al lado de una perforadora de pavimento para, al menos por un instante, poder proteger ese órgano, que a diferencia de la boca o de los ojos, no cuenta con recursos para cerrarse por sí mismo: su oído)...



 ...son todos una invitación a que un oyente alimentado por cierto modo de entender el psicoanálisis termine por descerrajar el tan fatigado "Kevin no fue un niño deseado por la madre". El mismo con el que se concluyen tantas veces las perseverantes anamnesis en las entrevistas con padres, por ejemplo.
 
Así también el llamado que da título a la película (2), dirigido por Eva a su marido, y la respuesta que de éste obtiene, podrían precipitar a tal "oyente psi" a decir: "la función paterna opera de modo fallido, reduplicando la impotencia materna". Uf.



Impotencia materna que acaso, como siempre sucede con la impotencia, resulte en definitiva un poder no poder. En este caso: poder no poder matar a ese hijoDe allí lo beneficioso que es para un psicoanálisis tratar la impotencia sin poner el norte de la intervención en destrabarla, en habilitar lo que se quiere poder y no se logra... sino apuntando a conmover el estatuto de dilema que suele tener ese deseo inconciente. En otros términos: problematizar el dilema disolviendo la falsa opción que se cristaliza en "o lo mato o me sigo esforzando en ser una madre civilizada"



Juguemos a que sí

Estoy convencido de que un psicoanalista no puede decir nada, que no sea "orinar fuera del tarro", respecto de casos como los de Eva y Kevin. Sencillamente porque ninguno de ellos le está dirigiendo la palabra... y el psicoanálisis sólo existe gracias a la transferencia, y ésta no tiene chance alguna sin ese elemento básico. Pero relatos como el protagonizado por la gran  Tilda Swinton (3) resultan un buen disparador para proponer juegos como éste: imaginemos que Eva fuera a ver a un psicoanalista y planteara que se siente culpable de las conductas de su hijo. 

Como cuestión básica, al escucharla necesitaremos saber que ninguna acción de los padres es suficiente para explicar el por qué de la conducta de un hijo. Si quieren podríamos decir: "pero influyen". Está bien, concedamos ese margen. Pero eso y decir nada... es lo mismo. Porque no sabemos en qué influyen ni cómo (ni el analista, ni los padres... ¡ni el mismísimo "influido"!). No sabemos qué de lo dicho/hecho por un padre o pariente es tomado por el niño ni tampoco el cómo. 

Una vez corridos del lugar de querer entender con la mamá por qué Kevin "salió como salió", lo que necesitaremos es aceptar que Eva es culpable. Claro, como enseñaba Freud: una cosa es que sea culpable y otra cosa es que sepa de qué. Es culpable porque ella así se presenta. Puesto bajo signo de interrogación el objeto de su culpa, se posibilita el camino para una consulta psicoanalítica. Eliminado de nuestra escucha el tentador "ella es culpable de lo que hizo Kevin", necesitaremos alojar su culpa. No rechazarla ni trivializarla. Permitir que se despliegue, que se dialectice. 

Es que sólo así podrá perder la culpa su función primordial: la de taponar lo que no cesa de no inscribirse. Es que mucho más desgarrador que decir "yo fui la culpable" es encontrarse con que "nada de lo que encuentre en la historia mía con Kevin terminará de explicar este horror".

¿Qué restará?. Un largo camino: el que acaso transforme la culpa en responsabilidad. Responsabilidad no respecto de los actos de su hijo, responsabilidad en relación a su deseo y su goce (los de ella). Responsable de sus ideales, de lo que pretendió y de lo que pudo. Lejos de juzgar el pasado, una apuesta a que aún en la tierra arrasada, Eva tenga la posibilidad de hacer sin que ninguna carta marcada decida por ella su próxima apuesta. Un largo camino. Pero en fin, ¿hay algo más importante en la vida que tomarse ese tiempo?.


Lic Guillermo Cabado


Si no viste la película de la que aquí hablo,
podrás hacerlo on lineaquí
  
(1) Señores que suelen sostener sus programas en la televisión argentina alrededor de historias como la de Kevin. En general con la colaboración de una tropa de "especialistas psi" que despliegan sus mapas de "la mente criminal".

(2) Aunque el efecto que produce en los espectadores, haga que en muchos casos también nosotros necesitemos hablar de Kevin.

(3) Sugiero esta nota sobre la excelente Tilda Swinton, Eva, que entre otras cosas, también en 2011,
protagonizó un personaje conocido por todos los que amamos a Pizarnik, la condesa Báthory:  


domingo, 12 de agosto de 2012


Complemento al nro 4 de la serie "¿QUÉ ES UN NIÑO?"


ACUARELA SOBRE “ZZ”


La música, los estados de felicidad, la mitología,
las caras trabajadas por el tiempo,
 ciertos crepúsculos y ciertos lugares
    quieren decirnos algo,
 o algo dijeron que no hubiéramos debido perder,                                                                                                                                                    o están por decir algo;
                                                 esta inminencia de una revelación que no se produce
                                         es, quizá, el hecho estético.

 (“La muralla y los libros” en “Otras inquisiciones”, Jorge L. Borges) 







No me pegues, soy Cabado

Tic. Alguien enciende el reloj. Tac tic tac tic tac. Estamos en la prisa. Tic. Ahora “ZZ” con sus cinco años está sentada frente a mí. Tac. La mamá no puede esperar. Tic. “No la soporto”, me dijo en la primer entrevista. Tac. En ello un pedido: “haga que deje de ser la piel de Judas”. Tic tac. “¿Por qué ahora y no antes?”, dije. Tic. Mi pregunta pareció caer en el vacío. Tac. 

“ZZ” juega. Habla poquito (según vaya a saber qué medidor de cantidad). Y dibuja. Cada tanto algo se repite: personajes cubiertos con sábanas. Tic. “¿Qué son?”. Pregunta la mía poco ajustada a las prisas. Se impacienta: “¿y qué van a ser?, ¡fantasmas!”. Toc. Y, sí. “¿Pero qué onda los fantasmas?”. Tac. “ZZ” me mira y mirándome ve cómo me ocupo de obviedades. Tic tac. 




En este clima de prisas ajenas ella no tiene apuro. Tic, tac. Más: ser-la-piel-de-Judas para ella no representa un problema. Tic. Sí para la mamá. Tac. Acaso para la escuela, tic, por lo que en la convivencia en la sala produce. Tac. “ZZ” al fin responde: “son fantasmas”. Tic. “A ver si se parecen a los que imagino: ¿cómo son estos fantasmas?” (y en ello rompo el diccionario y sus significados-para-todos). Responde: “sábanas con algo escondido”. Tac. Y se calla. Tic, tac, tic, tac. 

Un día sucede aquel truco de magia del que hablé en un post anterior (1). Y su cachetazo. Tuc. Pasa el tiempo y los encuentros. “Mi mamá se aburre en casa”. Tac. “Por eso me reta”. Tic. “¿Por qué me lo contás?” . Tac. “Porque no me gusta que me grite”. “¿Por qué?”, otra obviedad de mi parte, pero ella se ha acostumbrado a este reino del revés que es el consultorio, donde las preguntas son sobre lo que todo-el-mundo-ya-se-lo-sabe-de-sobra. Y responde: “...el ruido que hace la voz”. No me apuro pero no cedo: “o sea...”. Se encoge de hombros: “eso”. Tic, tac. “¿Cómo es Eso?”. Tic, tac, tic. “¡No me sale el ruido ése!”. Tac. Espero. 




Tic. “¿Y qué te pasa cuando suena el ruido?”. Se tapa los oídos y dibuja otra vez fantasmas. Repaso mi lección, en voz alta: “algo esconden”. “Callate tonto”, me dice. Ups. Rompe el dibujo. Tic, tac, tic.

Así pasan nuestros encuentros. Con “ZZ” vamos “descubriendo” sobre ella: que del reto joroba el grito, que la mamá reta porque se aburre, que no es tan claro que reto y aburrirse vayan juntos pero bueh, no se le ocurre otra explicación... 

También descubrimos cómo “le jode” que le hablen los papás. Y que le jode “porque me dicen mentiras” (empieza a resonar aquel cachetazo en mi mejilla después de que le hiciera magia escondiendo la tapita en mi boca). Vamos haciendo equilibrio por un hilo de vacío. 




Y en ese fino camino van cayendo miguitas de verdad sobre “ZZ”: a, b, c, d, e... “ZZ” habla sobre ella y trata de explicarse sin proponérselo. Y si bien descubre cosas una y otra vez algo le queda más allá del espejo.

Se ha armado entonces a lo largo de este tiempo una extraña experiencia: las miguitas que van cayendo dicen cosas concretas sobre ella pero... (shh, detengamos nuestra pasión interpretativa de elefantes en el bazar...) una y otra vez las miguitas terminan diciendo otra cosa que lo que pretenden decir,

o parecen haber dicho algo que no hubiéramos debido perder, 

o lucen prontas a decir pero no aún...

Esa inminencia de una revelación que no se produce es, quizá, el lugar de encuentro con la verdad del sujeto. Esa extranjería en su propio cuerpo. 




Del resto que se nos escabulle en la grieta, de eso se trata. 

Porque lo he dicho lo vuelvo a decir: en ese fracaso (2), en ese vacío, algo se alcanza. Nada más. Nada menos.


Lic Guillermo Cabado


Nota sobre el cachetazo: con el tiempo ese "ocultamiento" en el que mi truco de magia se transformó a partir de entrar para ZZ en la serie de los padres, se empezó a jugar en el lazo entre éstos y el analista. Pero ésa ya es otra historia y otro discurso, aunque padres y niña vivieran bajo el mismo techo.


(Las imágenes pertenecen a la artista Loretta Lux)

(1) Ver: http://rumorosa.blogspot.com.ar/2012/07/4-desarrollos-para-el-grupo-de.html

(2) Ver: http://rumorosa.blogspot.com.ar/2012/08/5-de-tim-burton-alejandra-pizarnik.html



sábado, 28 de julio de 2012



4 - Desarrollos para el grupo de analistas en formación
del Centro Dos

-4-

DE TIM BURTON A ALEJANDRA PIZARNIK 
(¿HAY CINE o TEATRO PARA CHICOS?)

.Nro. tres de la serie
(escrita en 2005) 


"¿QUÉ ES UN NIÑO?"

(o "¿QUÉ VES?, ¿QUÉ VES CUANDO ME VES?")




(dibujo obtenido de internet y no del consultorio psicoanalítico)



"¡¿No hay un ente regulador para el teatro?!.
Ayer llevé a mis hijos a ver "Dedos en el espejo".
Dicen malas palabras y hasta se mata a un personaje en escena.
¡¡Son unos pelotudos!!"


(llamado a Fernando Peña en su programa el "Parkímetro",
proveniente de una espectadora de dicha obra, 
que fuera escrita y dirigida por mí al calor de la pregunta "¿qué es un niño?") (1)




Una de Hansel y Gretel 

En el último correo intenté articular una cuestión fundamental: por la puerta de "los modos de ser de un niño" no se accede a ninguna verdad sobre lo que el niño es. (2)

Luego fue que desembocamos en el punto en el que a veces se ubica a un chico: como el soporte del reflejo de un reflejo. Acaso en eso haya podido entreverse el problema: hablando de un niño, de lo que es, de lo que le hace bien y lo que mal le hace, de la verdad del niño suele quedar... nada.

Reducido a un partenaire, a un soporte contra el cual ajustar la imagen de los propios mitos (3). 

Decir que sobre aquella bailarina-niña de Degas no había más que el reflejo de un reflejo no es solamente ubicar, en las palabras de aquellos opinadores, el extravío de algún acceso posible a "lo niño" (no atribuible ni a la época ni siquiera a que aquel cuerpo fuese de cera).

También es un alerta para no precipitarnos en creer que por distinguir allí un reflejo habremos de saber algo sobre el adulto "reflejado": si giramos la cabeza, en el otro extremo no encontraremos ninguna fuente de origen, no llegaremos a ningún original objetivable, a ninguna verdad consistente respecto de lo que nuestro-adulto-de-turno es. Apenas allí una pista, una miguita a lo Hansel y Gretel, que acaso el opinador, y sólo él, podría aprovechar para preguntarse sobre lo que lo agita y lo pone a hablar de niños. Se vislumbra en esto las razones por las que inicié esta serie con lo que denominé "el cero" de la misma en el primer correo enviado (aquello de la noticia sobre un dedo cortado) (4). En definitiva lo que está en el tapete es dónde nos paramos ante estos juegos de reflejos.




El mágico mundo de "ZZ" 

¿Tendremos mejor suerte cediéndole la palabra a los niños?. En definitiva se supone que ellos habrían de estar en contacto directo con su cosa.

Hubo una vez, hace tiempo, una niña de 5 años que llamaré "ZZ". La mamá la trajo a mi consultorio porque la nena "era la piel de Judas". La trajo no sin que en la escuela le hubiesen dicho "haga algo con ZZ porque se comporta de tal y tal manera" . Frase que la mamá escucho así: "haga algo con ZZ porque es la piel de Judas". Estando en entrevistas con la nena cierta vez me puse a hacer cosas de mago. Obsérvese qué fácil: tomé una tapita de boligoma, nada por aquí, nada por allá. Pasé la mano junto a mi boca y de un modo eficaz e imperceptible, escondí allí la tapa. Mostré luego la mano vacía. "ZZ" con sus ojos maravillados aplaudió: "¡hacelo de vuelta!". Repití el truco. Esta vez "ZZ" no aplaudió: me metió un cachetazo que me hizo escupir la tapa. 

Poner la otra oreja 

Llegado ese punto se abrieron entonces tres posibles caminos: a) embocarla (dícese del golpe que se le aplica al otro siguiendo la ley del Talión); b) apresurarme a concluir "qué es un niño": "esto demuestra que la niña ZZ es la piel de Judas; ¡seguramente no le ponen límites!, o seguramente cuando era chica, más chica que ahora, algo la traumatizó y bla, bla"; c) soportar no saber, abrir la oreja a lo que la nena pudiera decir con el tránsito del tiempo, y aún otra vez más soportar no saber: no saber si voy a poder saber algo sobre esa niña.

Como quien se topa con una película que ya vio, recordé ipso facto cierto episodio de mi infancia (5). Enseguida me despegué de las trampas del propio yo y tomé el camino "c". 

Cuando la opción es la de dar la palabra al niño, sucede lo que suele suceder cada vez que alguien es invitado a hablar de sí. Un fenómeno que nos arroja a extrañas aguas: ningún río de chocolate como en la película de Burton, apenas las mareas de la teoría de los conjuntos. 

¿¿¿Eh???. 

En el próximo correo intentaré explicarme, cruzando a "ZZ" con el otro tigre de Borges. Sin rencores.


Lic Guillermo Cabado



(1) Después de aquella llamada de nuestra educada espectadora, el querible Fernando Peña nos realizó una nota en su programa para hablar de estas cuestiones: http://rumorosa.blogspot.com.ar/2012/01/con-fernando-pena-en-el-parkimetro.html 

(2) Para ver el envío previo sobre el reflejo del reflejo: http://rumorosa.blogspot.com.ar/2012/07/3-de-tim-burton-alejandra-pizarnik-hay.html 

(3) Comentario para aquéllos que se interesen en teoría psicoanalítica: esa función de soporte para el ajuste la entiendo análoga al ramillete del segundo esquema óptico de "Observación sobre el informe de Daniel Lagache". En tanto en el tercer esquema hallado en ese escrito podremos articular la idea del "reflejo del reflejo" con la subjetivación de esa bifurcación de reflejos así como también una reflexión sobre lo que hace y lo que no hace un psicoanalista (cuestiones que en algunas prácticas se olvida, por ejemplo cuando se convoca a la novia de un paciente para verificar si es tan bruja chupasangre como él la padece y la pinta: "tiene usted razón señor paciente, ¡¡su novia es flor de ramillete!!"... acotación que vale también para la clínica con niños). Por último: en el seminario X de Lacan podrán encontrar el abordaje de eso que se pierde en el juego de reflejos: "el cuerpo original", ya no falseado en la metáfora de un "potiche" (jarrón/hombre de paja) escondido de la visión, sino vinculado con aquéllo que, ausentándose del espejo, en él se presentifica. Propongo esta imagen: eso que en el reflejo del espejo se vislumbra como el eco de lo que nos agita (apenas una metáfora apoyada en el hecho de que al eco, como al Drácula de Christopher Lee, no hay modo de reflejarlo). En fin, una puerta para pensar la angustia (que no es precisamente el miedo a los vampiros...)
 
(4) El número cero de la serie: http://rumorosa.blogspot.com.ar/2012/04/1-desarrollos-para-el-grupo-de.html

(5) Tendría yo unos diez años y un afán por hacer magia. Nucleé a toda mi familia alrededor de mi show. El primer truco consistía en hacer desaparecer un salero. El punto es que, nada por aquí, nada por allá, debía deslizarlo hacia un bolsillo de forma imperceptible para consumar la ilusión y fascinar a todos. El bolsillo no estuvo lo suficientemente abierto. Con el estallido del salero contra el piso, mi sueño de ser mago se cerró para siempre. O al menos eso creí hasta toparme, años más tarde, con la mano de ZZ.






(planta de luces de la obra "Dedos en el espejo", en la puesta que realizara en "El club del bufón" en el año 
2004)

jueves, 19 de julio de 2012


3 - Desarrollos para el grupo de analistas en formación
del Centro Dos

-3-

DE TIM BURTON A ALEJANDRA PIZARNIK 
(¿HAY CINE o TEATRO PARA CHICOS?)

.Nro. dos de la serie
(escrita en 2005) 


"¿QUÉ ES UN NIÑO?"
(o "EL REFLEJO OSCURO DE LA LUNA")




..
“En esta película que es la novela de Dahl,
la culpa es, como siempre, de los padres.
Padres monstruosos tienen hijos monstruosos”

(comentario sobre la película de Burton, "Charlie y la fábrica...",
de Gustavo Noriega en la revista “El amante del cine”)


.¿El niño es un reflejo de la madre que lo parió?

Entre los comentarios recibidos después del nro 1 de esta serie (gracias por ellos) se introdujo una palabra que, con el permiso ya concedido por su emisor, tomaré como eslabón para continuar. Decía el correo respecto de "Charlie y la fábrica de chocolate": “en definitiva esos chicos son un reflejo... de sus padres” (por ejemplo: el alemancito voraz del afiche con que abrimos este comentario y sus “contagiosos” padres voraces).

Me permití aquí intervenir aquella frase original subrayando la palabra "reflejo" e introduciendo luego tres puntos suspensivos. Como quien hace espacio, en esos puntos cabe un gesto: el que suele sobrevenir tras el momento en el que uno se topa con un reflejo inesperado:sobre un vidrio. Me refiero al simple gesto de voltear la cabeza en busca del origen de tal reflejo.

(fotograma de la vieja película "La sociedad de los poetas muertos",  
extraído de lo que juzgo es su escena clave, generalmente desatendida en los comentarios que se hicieran sobre el film: la escena de las fotos de los alumnos de antaño y los nuevos, reflejados sobre el vidrio)


Con esos puntos suspensivos la idea de que el niño sería un reflejo de toma otro color. Es que el dichoso giro de cabeza en busca del original reflejado deja de ser un mero asunto muscular para resultar la encarnación de la pregunta por el origen de, por la fuente de, por la causa de ese niño, supuesto reflejo.

Es ésa la pregunta que merodea las escuelas, los consultorios y las alcobas a la hora en que los padres se angustian por ciertas conductas de los hijos: "¿qué es lo que hace que un niño sea el niño que es?".

En esa metáfora del reflejo un riesgo acecha: pensar a los chicos como una especie de fotocopia, marioneta, o escultura parida por un amo y su mano. Idea que suele aparecer en frases como: "¡pero qué querés!: con semejante madre, ¿qué se puede esperar del hijo?...".



Dime qué padres tienes...

 
A pesar de la tentación del juego de las similitudes, los niños de la fábrica de Willy Wonka, como todos los niños, no son  en "sí mismos" un reflejo. Apenas personas, que viven su vida, sin perjuicio de que sobre sus cuerpos en ocasiones se formen reflejos de sus padres.
 

Conviene no confundir el reflejo con su soporte ocasional. La clínica psicoanalítica nos enseña que el hecho de que una niña hable "igual" que su madre no autoriza a creer que entre ellas haya alguna continuidad del ser ("de tal palo...").  

Pero aún así una pregunta se impone: ¿esos chicos son pasivos objetos reflectores... o de algún modo "eligen"trabajar de espejo? (acaso sea ésta la profesión auténticamente más antigua del mundo).(1)

No me haré el distraído: en todo este asunto un fantasma agita su sábana. Se trata de cierta teoría que algunas erradas lecturas hechas sobre los planteos freudianos contribuyeron a robustecer: "dime qué padres tienes y te diré por qué eres como eres". De allí a imaginar "Escuelas para Padres", hubo apenas un paso... (por prevenir, ¿vio?... ¡es que uno nunca sabe...!).


“¡Suéltame, pasado!”

En cualquier caso, no se trata de negar una obviedad: todo sujeto recibe influencias de otros y, en general, especialmente de los padres. No da lo mismo la biografía. Pero que no dé lo mismo no la convierte en causa de. No es el niño una escultura que va siendo moldeada por los episodios de su vida. Por más pequeño y dependiente que él sea, por más manipuladores o influyentes que los otros se tornen con él. Por cierto, esta idea es tan pregnante en ciertos modos de pensar un "tratamiento psicológico", que suele verse la siguiente escena:
.
“¡Suéltame pasado!”,
grita un adulto
 mientras toma de las solapas a su padre.
E inmediatamente el padre, futbolero, interpela al psicólogo de turno, convocado a juez:
Ful del atancante no es penal, referí!"
 
.(Alicia Liddell, musa inspiradora para Charles Dodgson, más conocido por Lewis Carroll;
 fotografiada por él mismo)


El reflejo de un reflejo


París, 1881. Edgar Degas finalmente se decide a exponer su “Pequeña bailarina de 14 años”.


Algunas reacciones al ver a la muchachita: “eso no es una niña, parece un mono”, “esa criatura parece una prostituta”.

Poco importa que aquella bailarina fuese de cera: para nuestro menester la escultura era una niña cada vez que alguien así la llamaba.

Aunque en la caja vidriada el escultor hubiese puesto a la mismísima Marie que parece que fue la modelo original en el que se inspiró (2), lo que en ella se reflejaba... nada decía de lo que ella era.

Más bien aquel reflejo apenas era una pista de lo que en el lugar de la niña agitaba a aquellos espectadores. Allí, sobre la niña, un reflejo de algo que aquí, en el adulto, no es el  "original proyectado (¡!) sobre la pobre criatura" (por ejemplo: "la ansiedad materna")... sino apenas una pista, un reflejo de cierto "no sé qué" que en el adulto se agita sin poder ser atrapado por ninguna explicación como "la ansiedad materna".

En otras palabras: he allí, en la niña, el reflejo de... un reflejo (3).

Luego: ¿qué era ese no sé qué agitándose en ciertos adultos, al punto de provocar aquel juego de reflejos?. Otra vez: ninguna explicación del tipo "tenían la cabeza podrida y por eso proyectaban en la niña", está a la altura de ese no sé qué.:


(video no visible en la versión por mail) 

Bien, pero entonces... ¿¿¿qué es un niño???.


Estoy en pido, canté. Me extendí más de la cuenta. En el próximo contacto compactaremos renglones y haremos como Dady Brieva y sus agrandadytos (4): los niños nos hablarán de ellos, es decir: de la teoría de los conjuntos. Cuántos recuerdos.


Lic Guillermo Cabado




(1) Entrecomillar el "eligen" es suficiente para advertir que es necesario problematizar el alcance de esa palabra. Vean en las comillas asomarse la cuestion del haftbarkeit pulsional que Lacan extrae de "Tres ensayos..." de Freud para destacar que ese término alemán indica no sólo perseverancia sino también responsabilidad subjetiva, cuestión fundamental para no hacer del sujeto del inconciente ni un "Yo oculto detrás del Yo visible" ni tampoco una hojita al viento que por no ser culpable tampoco es responsable de su posicionamiento en el deseo. 
Respecto de la profesión más antigua, la de los espejos, sugiero leer “El estadio del espejo como formador de la función del yo (Je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica” (de Jacques Lacan, “Escritos I”)

(2) En el París de 1880 era habitual que los padres de las niñas bailarinas favoreciesen que las mismas se prostituyesen con el calificado público masculino que concurría como espectador del Ballet. No todas podían pasar a ser bailarinas destacadas con buena paga.

(3) Sobre este punto sugiero visitar las películas “Vértigo” de Hitchcok y "El tiempo" de Kim ki duk. Y si les queda tiempo el placer de ver componer con reflejos: “Playtime”, de Jacques Tati. (unos nenes de aquéllos).Si hay aquí algún psicoanalista leyendo, le sugiero ver el film de Hitchcok y el de Kim Ki Duk con la “Observación sobre el informe de Daniel Lagache” (Escritos II, J.Lacan) y las primeras 5 clases del seminario 10 de J. Lacan, La angustia, en la valiosa traducción de Ricardo Rodríguez Ponte, a mano. Agrego a este posible recorrido la primer parte del libro de Slavoj Zizek, “Porque no saben lo que hacen”, en particular en lo que concierne al planteo hegeliano de la inversión de la inversión.

(4) Referencia de época: en el 2005, época de escritura de este material, estaba muy presente el efecto producido por el programa de TV "Agrandadytos", en el que Dady Brieva conversaba con niños.


Desarrollos para el grupo de analistas en formación
del Centro Dos







Les propongo este ejercicio de lectura interviniendo sobre aquel pasaje en el que les planteé detenernos, de la cuarta clase del seminario II de Lacan (8/12/54), los subrayados son míos:

"... el sujeto reproduce una pregunta esencial para él: ¿él mismo es, sí o no, un hijo legítimo? (...) Como ven, lo que aquí aparece destacado no es, como se tiende una y otra vez a creer, la dependencia concreta , afectiva del niño en relación con adultos que se suponen más o menos parentales."

> Lacan acaba de plantear un término: "la dependencia concreta". Les propongo pensar qué término podríamos ubicar en oposición a ése. 



"Si el sujeto se pregunta qué es él como niño, no lo hace en tanto que más o menos dependiente, sino en tanto que reconocido o no, poseedor o no del derecho de llevar su nombre de hijo de Fulano"

> Queda clara cuál es la pregunta que se está haciendo el hipotético paciente: "¿qué soy...?". 
Esos puntos suspensivos que se sustituyen al "como niño" proponen interrogar qué valor darle a ese sustituido

¿Ese "como niño" tendrá el mismo estatuto cuando el paciente y/o su oyente buscan responder la pregunta en el nivel de los fenómenos objetivables de "la dependencia concreta" ("tiene tales necesidades, recibe tales cosas, de tales otras carece, luego: ¿qué es como niño para el otro?")...
que cuando la pregunta es escuchada en relación a si se es o no reconocido con un nombre?.

"En la medida en que las relaciones en que está capturado han alcanzado ellas mismas el grado del simbolismo, 

> Entendiendo esas "relaciones" como los hechos que el paciente nos cuenta en la entrevista, ¿qué les parece que querrá decir que esos hechos hayan "alcanzado para el que habla el grado del simbolismo"?

el sujeto se interroga sobre sí. 

> A esta altura se vuelve imprescindible que a la idea de "reconocimiento" opongan la idea de "conocimiento" que Lacan vino desarrollando desde que arrancó con la cuestión platónica de la reminiscencia en el marco de las preguntas de Sócrates dirigidas al esclavo de Menón.

Se vuelve imprescindible porque no es lo mismo decir que el sujeto se interroga sobre "sí" en el nivel del conocimiento que en el nivel del reconocimiento.
Más aún: conviene preguntarse si es sostenible que pueda hablarse de "sujeto" en una pregunta planteada en el nivel del conocimiento 
(recordemos que a esta altura del seminario podemos definir al sujeto como un descentramiento respecto del moi).


"Por lo tanto, el problema se plantea para él a la segunda potencia,

> el problema de la pregunta "¿qué soy como niño?"
se plantea elevado a la segunda potencia.
Y ya necesitamos responder lo que les propuse pensar más arriba:
esa pregunta aquí está planteada en el nivel del reconocimiento.

Y hemos dicho que no es lo mismo hacerse esa pregunta a este nivel que en el del conocimiento.

Pero he aquí el problema que Lacan viene bordeando:

¿el reconocimiento es, permitámonos esta analogía, "el conocimiento elevado al cuadrado"?
(así como podríamos decir que "9 es igual a 3 elevado al cuadrado")

No hay entre 9 y 3 la misma relación que entre reconocimiento y conocimiento.

9 y 3 pertenecen al mismo campo, el de los números racionales, en cambio reconocimiento y conocimiento no pertenecen al mismo campo.

Por el contrario, para ubicarnos en el campo del reconocimiento ha debido suceder un salto, una discontinuidad respecto del campo del conocimiento.
Discontinuidad análoga a la que hay entre el número racional 2 y el número irracional "raíz cuadrada de 2"
(es decir: el número que elevado al cuadrado da 2, no pertenece al mismo campo que 2).

Así las cosas: 
¿qué es lo que "elevado a la segunda potencia" puede dar como resultado el reconocimiento?.

Podríamos responder:
 "¿qué soy como niño?", elevado a la segunda potencia.

Y sería válido con una condición: 
la de saber que ese "¿qué soy como niño?" no guarda más que una relación de homonimia con el "¿qué soy como niño?" articulado en el campo del conocimiento.

En definitiva, cuando Lacan habla de la "elevación a la segunda potencia" no se refiere a que el que nos habla se pregunte "¿qué soy como niño cuando me pregunto qué soy como niño?".
Eso no sería más que quedar entrampados en un juego de espejos enfrentados.

 (fotograma de "El tiempo" de Kim Ki-Duk)

Por el contrario esa elevación a la segunda potencia alude a que deberá suceder esta pregunta en el paciente:

"¿quién habla aquí donde digo "¿qué soy como niño?"" ? 

Siguiendo el espíritu de la cuarta clase de donde proviene este pasaje podemos anticipar que la respuesta a esa pregunta no podrá ser: "habla un Yo más verdadero".

Les propongo que luego de terminar con este pasaje se remitan a las páginas 34 y 35 de este seminario para ubicar cuál es la función de la raíz cuadrada de 2 en ese diálogo entre Sócrates y el esclavo en "El Menón".


  Bien retomemos:

"Por lo tanto, el problema se plantea para él a la segunda potencia, sobre el plano de la asunción simbólica de su destino, 

> ¿Qué implica asumir simbólicamente el destino?. 
Éste es el punto donde necesitaremos remitirnos a aquel famoso Edipo que conocía lo que le estaba destinado y sin embargo tanto conocimiento no le sirvió para ser el amo de su suerte.

Por cierto que Lacan no está planteando que hay que asumir que estamos predestinados a tal o cual episodio cual "hojitas al viento".
Está apuntando a algo que se dirime en el punto límite del conocimiento. ¿Se les ocurre a qué apunta?
 
en el registro de su autobiografía" 

> Como sea esa asunción del "propio" destino sucede entonces en el registro de "la autobiografía", es decir en ese clásico historizarse que realiza el paciente cuando nos habla.
¿Pero qué valor darle a ese historizarse?. 
Les propongo buscar una respuesta con lo que dice en la página siguiente a ésta que tomé:


"La pregunta del sujeto no se refiere de ningún modo a algo que puede ser consecuencia de un destete, abandono, falta vital de amor o de afecto; ella concierne a su historia en tanto que él la desconoce; y es eso lo que expresa, muy a pesar suyo, a través de toda su conducta, en la medida en que oscuramente busca reconocerla. Su vida está orientada por una problemática que no es la de lo vivido, sino la de su destino, a saber: ¿qué significa su historia?"


Nos vemos al regreso de las vacaciones

Guillermo Cabado 

domingo, 3 de junio de 2012




2 - Desarrollos para el grupo de analistas en formación
del Centro Dos

- 2 -

DE TIM BURTON A ALEJANDRA PIZARNIK

(¿HAY CINE o TEATRO PARA CHICOS?)





Nro. uno de la serie


¿QUÉ ES UN NIÑO?

(¿y qué es un Garrahan?)






Contextúo:
Esta fue una serie en 9 entregas, 
desarrollada originariamente entre agosto y octubre de 2005,
contemporánea al conflicto gremial que mantuvo el personal del 
Hospital de Niños "Dr. Garrahan" en Buenos Aires. 

Por lo demás, el tiempo ha pasado para el rey de corazones.

Ya no se lo liga a Xuxa, 

pero mantiene una banca en el Senado de la Nación.





(equipo infantil de cricket de Twyford School, fotografiado por Lewis Carroll en el año 1859)



"... pero ya el hecho de nombrarlo

y de conjeturar su circunstancia

lo hace ficción del arte y no criatura viviente

de las que andan por la tierra"

("El otro tigre", Jorge L. Borges)



¿Es un adulto bajito?


Ríos de tinta en las últimas décadas. Luces echadas en diversos ángulos sobre la niñez. Una planta lumínica montada con antropólogos, pedagogos, sociólogos, psicólogos, médicos, filósofos y santos. Y poetas. Tal vez antes del siglo XVIII nadie hubiese podido cantar "niño, deja ya de joder con la pelota". Es que recién por entonces, acaso tras las primeras piedras arrojadas por Rousseau y su Emilio, la cultura occidental parió al "niño" como un sujeto diferente al adulto. Apenas tres siglos hace que existe la infancia entre nosotros. Lo cual no autoriza a concluir que antes los bebés naciesen con bigotes.


¿Es un tierno estado de la naturaleza humana?


Tal vez alcance el párrafo anterior para afirmar que "niño" no es más que una convención cultural. La niñez no es algo natural: bien podría existir el ser humano y no existir la infancia. Es que ser niño no es una cuestión biológica: medir entre tantos y tantos centímetros, tener dientes de leche, no haber cumplido más de x años. No se nace niño. Se nace, a secas. Y desde el minuto cero ya se ha sido niño para la Cultura y sus pre-textos.


"Quien sabe Alicia, este país..." (breve escala en Serú Girán)


En estos días bastaría escuchar la utilización que se hace del término "niño" en algunas argumentaciones sobre el conflicto del Hospital Garrahan para concluir que cuando se dice niño no se dice niño sino niño. Ya lo enseñaba cierto cuento (¿los cuentos que no enseñan son para chicos?): hubo una vez un rey de corazones que le dijo a su pueblo que iba a gobernar tanto para los niños como para los niños. Preocupado porque se le entendiese agregó, mientras jugaba al golf (que es como el cricket pero parecido): "tanto para los ricos con tristeza como para los pobres con hambre". Muchos de sus doble-votantes de entonces al ver, en pleno 2005, lo del Garrahan, se siguen preocupando por la niñez. Ternura. Pura.


* * * * *

Más tarde o más temprano, la palabra "niño" nunca alcanza para nombrar eso que uno pretende nombrar. Chin plun.

Continuará en la próxima entrega




















Guillermo Cabado


miércoles, 18 de abril de 2012



1 - Desarrollos para el grupo de analistas en formación
del Centro Dos

- 1 -
DE TIM BURTON A ALEJANDRA PIZARNIK

(¿HAY CINE o TEATRO PARA NIÑOS?)


Serie en 9 entregas, desarrollada originalmente entre agosto y octubre de 2005


* * *Nro. cero de la serie


"No es una película para chicos (...)
Quizás les parezca visualmente divertida
pero es una historia para adultos;
o son ellos los que entenderán mejor toda la historia"

(crítica de "Chandler" sobre "Charlie
y la fábrica de chocolate"
en cinesargentinos.com.ar)

(tapa del relato original de Roald Dahl, ¿un escritor para niños?)


Desde hace 15 días la última película de Tim Burton, "Charlie y la fábrica de chocolate" (1) , está en cartel. Verla ha sido reactivar una inquietud que me ocupa tanto cuando escucho relatos en el consultorio como cuando intento montar un espectáculo teatral: ¿no será "la infancia" un puro invento de los adultos?.

La razón de estas líneas es hacer un pasamanos con esa inquietud, un "pasala y, acaso, que vuelva". Se trata de un pequeño recorrido reflexivo que les propongo, hecho de ocho correos electrónicos, uno por semana. Con ellos intentaré trazar un arco entre dos puntos: de Tim Burton a Alejandra Pizarnik, o de cómo el "para chicos" suele ser un preservativo de uso adulto.
Para fundar la serie, hoy envío lo que convendría pensar como "el cero de dicha serie". Acaso no sea casual que para ello apele a una anécdota personal:










Mi hijo a los 10 años mirando el Chavo a las 4 de la tarde en la tele. Flash informativo: "los padres del joven secuestrado recibieron un dedo de su hijo salvajemente cortado por los secuestradores".
Estuve por cambiar de canal. A veces lo hago. Pero recordé entonces algo recientemente descubierto: en ocasiones me apresuro a suponer qué le puede pasar ante tal o cual vivencia; y en ello, claro, le yerro fiero. Por tanto no cambié de canal. Esperé, inquieto, a que él dijera algo. Y dijo. Preguntó si uno podría morirse cuando le cortan un dedo. Le expliqué, intentando limitarme a lo que me había consultado. Después calló. Resistí como pude a la tentación de interrogarlo (...¿qué estaría pensando en ese momento?). Y esperé. Pero no hubo más: a los dos minutos se estaba riendo otra vez con Chespirito.


Trazada esta marca sin moralejas conclusivas, intentaré en el próximo correo, en una semana, comenzar a articular ese arco que vaya de Burton a Pizarnik.


Lic Guillermo Cabado


(1) Me llevó al cine un doble interés:
a) lo que yo supongo una fuente de estímulo en común para muchos (una pena no tener el talento del gran Tim): las imágenes fabriles de "Tiempos modernos" de Chaplin, que en mi caso me disparara el año pasado la escritura de una obra sobre una fábrica de galletitas con el olor de la Terrabusi de los años 60' en la calle San José;

b) el hecho de que unos días antes de ver la película de Burton, viera en el BAC la versión filmada por los ingleses en 1971. Es curioso que en la versión de Tim Burton el personaje encarnado antaño por Gene Wilder y ahora por Johnny Depp, tenga lo que no tenía en la primer película: un padre, y con él una biografía "explicativa". Parece haber en esa diferencia tela para cortar.