jueves, 22 de mayo de 2014


ACTING OUT, PASAJE AL ACTO, ACTO.

Y TRANSFERENCIA

Parte I



Material de trabajo para el DITEC que coordino los martes
y
para la serie "Comentario de escritos"


Hay escritos a los que conviene volver: leerlos es cortarlos, cortarlos es un modo de interrogarlos. Y en la pregunta está la ganancia. El capítulo 9 de "Letra por letra" de Jean Allouch es uno de ellos: "El engarzamiento de la transferencia"

Hay una equivalencia entre la transferencia y el acting out (1) (lo cual no los convierte a los dos asuntos en la misma "cosa").

Para trazar esta equivalencia, leída por Lacan en los planteos de Freud, es necesario primero ubicar la distinción que aquél propusiera entre acting out y pasaje al acto.

"Acting out y pasaje al acto tienen que ver con un borde" (ésta es la regla que aquí nos damos: cada cita en este color pertenece al capítulo referido, lo demás va a cuenta y riesgo de mi lectura). 

Ese borde es precisable por esta vía: acting out y pasaje al acto representan un "pasar el límite (extralimitarse)". Aquí intervengo: ¿cómo decidir en el discurso de un paciente que allí está en juego un extralimitarse?. Descartemos el camino en el que con más facilidad podría caerse: lo decidiría el analista según sus criterios de lo que está en caja y lo que se sale de ella. Sostengamos la pregunta entonces, pero más despejada.


Agrega rápido Allouch que ese franqueamiento se produce "en silencio". Y no define enseguida qué sería ese silencio, pero lo acota: es lo contrario al síntoma fóbico (2) y al aserto que produce el prisionero para ganar su libertad en aquel juego de los 3 tiempos lógicos (3). Y es esta última referencia la que sirve para que agregue algo más: ese franqueamiento "carece singularemente de pre-caución". Vuelvo a meter cuchara: sea lo que sea ese extralimitarse, ello no habrá estado precedido por una búsqueda de "garantía o protección prestada por alguien" (el diccionario de la RAE ayuda...).

Pues bien: ¿qué es lo que habría de garantizarse?. La alusión al sofisma de los presos nos permite responder aunque Allouch no lo explicite: la verdad sobre la significación que se produce en el decir.

Y entonces Allouch trae al Hamlet que lee Lacan: "'No hablará, así que lo voy a seguir'". Es lo que les dice el príncipe danés a Horacio y Marcelo ante ese fantasma que en la cuarta escena del primer acto le indica con un gesto que lo siga, aparentemente para decirle algo (creo conveniente acotar que en inglés el "it" en vez del "he will not speak" indica los problemas para antropologizar a eso que se mantiene en silencio y la obra llama "ghost", "espectro"). 

Y entonces ahora sí sabemos que "ese silencio es el concomitante al franqueamiento" (esto es: ambos aparecen conjuntamente). Pero aquí necesitamos preguntarle a este pasaje: de acuerdo, ¿pero cómo se relacionan ambos?.

No sin antes recordar que cuando hablamos de un extralimitarse....está descartada la vía psicológica (ésa que alegremente nos hace analogar acting out con ideas como "los adolescentes son impulsivos por eso hay tanto acting en la adolescencia"), podemos empezar a respondernos la última interrogación con sólo deducir que, sea lo que sea ese franqueamiento, el mismo no es sin un "algo me llama pero... no me hablará"

Se impone enseguida otra pregunta: ¿qué implica que algo te demande y a la vez no te diga qué espera de vos?... Acaso sea el interrogante que nos conduzca a entender el resorte de ese "extralimitarse".


Sigamos con Shakespeare en la lectura de Lacan leída por Allouch: Marcelo y Horacio "forman una barrera con sus espadas y sus cuerpos. Más allá de ese límite el espectro se aleja ya, llamando a Hamlet; el tiempo apremia". Y sí, ese fantasma no tiene más duración que la de la oscuridad de la noche que ya se termina. "Oscuridad, ausencia de testigo: se trata de convertir en un conjurado a su hijo. Ni el consejo ni la fuerza de la amistad llegan a constituir una barrera. Pasando allí el límite, Hamlet sacrifica, sin interrogarse, su bienestar y su vida a lo que él considera que es su destino" (4).

Entonces en el texto se agrega una acotación clave para ubicar qué es este silencio propio del extralimitarse: sin dudas Hamlet propone "'delante de ustedes no dirá nada; es por eso que yo iré, a pesar de vosotros, a un lugar apartado con él'. Sin embargo Hamlet no dice 'lo seguiré a fin de escucharlo hablarme' sino, realmente, 'él no hablará'". 

Hay bastante tela para cortar a partir de ese detalle. Vale entonces un siguiente post. 

Hasta entonces

Guillermo Cabado

(las citas pertenecen a las páginas 227 a 229 del capítulo referido)



(1) Habrá que decir que el término "acting out" es introducido en la traducción que Strachey hace de la obra de Freud en el momento de buscar traducir el término alemán "agieren". La expresión inglesa fue extraída de la teorización del psicodrama producida por Jacob Moreno en 1928 y alude a la necesidad de "actuar la situación, de estructurar un episodio; 'actuarlo' quiere decir 'vivirlo', estructurarlo más acabadamente de lo que la vida fuera del grupo permite hacerlo" ("Palabras de Jacob Levy Moreno" de Rosa Cukier)

(2) Mucho antes nos ha hablado del pequeño Hans que Lacan leyera en Freud, aquél que recordaba que la tontería le vino aquella vez que escuchara a sus amiguitos decir "¡es a causa/carro del caballo!"("wegen dem pferd!" tenía su equivocidad en alemán) y al aserto que produce el prisionero para ganar la libertad

(3) Aquí en juego "El aserto de certidumbre anticipada" de Lacan. Al respecto puede consultarse en este blog: http://rumorosa.blogspot.com.ar/2010/03/el-infierno-les-convido-este-pequeno.html

(4) Subrayo el "sin interrogarse" y agrego que Allouch apunta bien: es "el gesto mismo" de no dar cabida a sus compañeros lo que "hace ocurrir ese destino". Es una adecuada puesta en juego de aquella afirmación del Lacan del seminario sobre la carta robada: "toda carta llega a destino". Es carta/letra gracias a ese gesto que le da destino. ¿Y antes de ese gesto?. No hay antes, más que el que postulamos retroactivamente.

miércoles, 21 de mayo de 2014


ACTING OUT, PASAJE AL ACTO, ACTO.

Y TRANSFERENCIA

Parte II



Para leer la primera parte de esta serie, clic aquí

Material de trabajo para el DITEC que coordino los martes
y
para la serie "Comentario de escritos"



Retomo el inicio del primer capítulo de esta serie: acting out y pasaje al acto representan un "pasar el límite (extralimitarse)" (recordemos que cada vez que aparezca este color se trata de un fragmento extraído del capítulo ya citado de "Letra por letra") (1)Y enseguida propusimos esta pregunta para empezar a andar el camino: ¿cómo decidir en el discurso de un paciente que allí está en juego un extralimitarse?. 

Saltamos ahora al final del primer capítulo de esta serie: Hamlet es llamado por el espectro de su padre pero no le dice qué quiere de él, entonces le asegura a sus compañeros: "Él ("eso") no hablará". Allouch agrega, y con ello vemos reaparecer el problema del "pasar el límite""ya su frase ha franqueado lo que lo separa (a Hamlet) del lugar desde donde lo llama el espectro..."

Eso basta para localizar que el límite no es un asunto de psicología ("dime de qué conducta se trata y te diré si es un acting out o un pasaje al acto"). El límite es el silencio de una demanda que no termina de explicitarse

(...¿puede escucharse resonar aquí la D de la fórmula lacaniana, $ <> D, de la pulsión que Freud llamó "silenciosa"?) (2)


Entonces pasar el límite es pasar el límite que el silencio configura. Y el silencio es el que se constituye cuando el hablante de turno se plantea, aún sin saberlo: "Eso debería decirme qué quiere de mí... y sin embargo, a pesar de las apariencias, no lo hace". 

Conviene entonces completar la frase de Allouch sobre ese extralimitarse: "... y es respuesta anticipada a lo que como demanda no ha sido formulado aún"


Meto la cuchara aquí: esa respuesta anticipada no es un imperativo inyectado por el padre, sino una versión que va hacia el padre (evoco con esto el juego de palabras en francés del seminario XXIII de Lacan) (3). 

Y franquear ese silencio es obturar, con la respuesta anticipada, esa inminencia de una revelación que no se produce (4)




Pero hay algo más en este caso: esta obturación sucede gracias a no interrogar a la silenciosa demanda. En el análisis que Lacan realizara sobre la obra de Shakespeare en su seminario X ("La angustia") no se le escapa que es muy difícil pensar en el rey asesinado como un salame engañado cual colegial por su pérfido hermano Claudio. Allouch se suma: "¿acaso evocaremos la figura de un rey incapaz de gobernar? (....) Lo importante es que Hamlet no se plantea la pregunta ni tampoco se la plantea al espectro"

Otra vez voy a meter cuchara en el pote: conviene recordar que en la lengua en la que hablaba Lacan "demanda" tiene la connotación no solamente de "pedir" sino también de "preguntar". Digamos entonces que, así las cosas, el pedir duplica el pedido: además de la solicitud explícita, "vení", hay otra implícita: "dándome lo que te pido, ¿estás dándome una prueba de amor?"...

¿Pero acaso ha dicho eso el espectro del padre?... 


Ahora sí creo que tendrá su alcance el siguiente parafraseo que hace Allouch de la posición de Hamlet ante la demanda silenciosa de su padre: "...'tú no hablarás y por eso mismo te seguiré; comprueba que éstas no son vanas palabras de mi parte, puesto que ante ese primer llamado que me diriges, desecho toda preocupación por la prudencia para ponerme a tu servicio en lo sucesivo'..." (vemos reaparecer lo que en la primera parte de este desarrollo ubicáramos: tanto acting-out como pasaje al acto carecen de pre-caución... esto es: aquí esta carencia es carencia de interrogación)

Conviene volver a plantar la pica: aquí, dar una prueba de amor, ¿no es el modo de evitar vérselas con el enigma del silencio?. Enigma, en definitiva, respecto del deseo de ese padre. Enigma del deseo irreductible por la vía de cualquier explicación sobre el anhelo del ex-rey (la que, por caso, podría ser: "padre - víctima de un turro -  busca venganza a través de su progenie). 

Como sea, el silencio es franqueado y a partir de ese instante "Hamlet está subido en la escena paterna".  La lucha del rey muerto (5) pasa a ser la del hijo, sin necesidad de preguntas.


Hamlet no interroga, y el espectro pasa a ser espectador junto con los espectadores de la obra: "una vez sellada la complicidad del padre con el hijo, la imagen del espectro desaparece de la escena. Se produce entonces algo así como un recubrimiento: la escena, contemplada por los espectadores, deviene escena paterna".

Pero, vaya detalle, tampoco el espectador interroga al actuador, todo lo que cuenta es que realice su acción.

Aquí estará la clave para entender por qué el acting out será para Lacan una transferencia sin análisis. 

Por allí continuaremos en nuestra tercer entrega. 

Guillermo Cabado

(las citas pertenecen a las páginas 229 a 230 del libro referido)


(en tren de "meter la cuchara": ¿por qué no intervenir aquí con el detalle de esa aparición que configura la anamorfosis del cuadro "Los embajadores" de Holbein que Lacan trabajara, ocupado de otras cuestiones, en su seminario XI?)



(1) Capítulo 9 del libro citado: "El engarzamiento de la transferencia" (Jean Allouch)

(2) Más aún: ¿puede entreverse que con la lectura de Lacan el silencio de la pulsión no se soporta en el famoso "silencio de los órganos" con el que el saber médico ha definido alguna vez a la salud?

(3) "es también el Padre, en tanto que perversión no quiere decir sino versión hacia el padre" (el juego de palabras en francés se esclarece así: "père-version" articula "le père"/"el padre", "vers"/"hacia" y "version"). Seminario XXIII de Lacan, clase del 18/11/75.

(4) aquí es Borges el que habla: "La música, los estados de la felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético" ("La muralla y los libros" en "Otras Inquisiciones"

(5) Una muerte que parece requerir una segunda... ¿cómo decidiremos aquí si la segunda es la que podría proveer la venganza que a partir de ahora ganará la escena o aquélla segunda que impone la idea lacaniana del "entre dos muertes" (aquélla que nos recuerda que la mortificación simbólica que se produce con cualquier interpretación no es sin un resto indecible que invita a una nueva mortificación)?


miércoles, 7 de mayo de 2014


Una película imperdible
aquí pueden verla completa:




Ella va en busca de un psicoanalista.
Pero se equivoca de puerta y la atiende un contador público.

Ella no se da cuenta de
que lo tomó por otro.

Él no se da cuenta de 
por qué no está intentando sacarla de su error. 

Y comienza la primera entrevista. 
Y la segunda. 
Y la tercera...

"CONFIDENCIAS MUY ÍNTIMAS"
de Patrice Leconte



En "LACAN CON CINE" 
(historias para razonar a Lacan)

tomaremos algunas escenas 
para "ver en funcionamiento"
al esquema L (o "Lambda") de Lacan
 
Este sábado 14/6 a las 18hs


Coordina: Lic Guillermo Cabado

Informes:  
  

PRÓXIMOS ENCUENTROS 
DE "LACAN CON CINE"
CLIC AQUÍ
  

jueves, 1 de mayo de 2014


SI VAS A TIRAR LOS PAÑUELOS 
QUE SE USAN EN TU CONSULTORIO,
NO TE OLVIDES DE QUE EN ELLOS 
VAN HISTORIAS MÁS QUE MOCOS

(bueno... igual habría que tirarlos, ¿no?)






¡FELIZ DÍA DEL TRABAJO, COLEGAS!


Guillermo Cabado


viernes, 25 de abril de 2014



UNA BREVE TRILOGÍA SOBRE EL AMOR
(3 perlitas tempranas,
desperdigadas en el seminario II de Lacan)

- El engaño del casamentero
- El espejismo amoroso
- La fidelidad


> HOY <

EL ENGAÑO DEL CASAMENTERO 
(a partir de la suerte de un "capo" de la televisión,
va un cuentito temprano de Lacan)



"Las cuentas del alma
no se acaban nunca de pagar"
(Rubén Blades)


Hace unos días escuché en la radio un comentario respecto del casamiento - separación - vuelta a juntarse - divorcio - y vuelta a juntarse (y vuelta a separarse) de un conocido señor del mundo televisivo, quien se quejaba de su mujer: "cuando vi lo que gastó con mi tarjeta de crédito me di cuenta de que ella sólo me quiere por mi dinero".

Al escuchar la risa nerviosa que la noticia produjo en los participantes del programa pensé que no podía descartar que la risa los tranquilizara ("¡qué cosas le suceden a estos personajes pintorescos!"). Recordé entonces este pasaje de uno de los primeros seminarios de Lacan:

"Consideren el más estúpido de los cuentos, el del señor que está en la panadería y pretende no tener que pagar nada. Primero tiende la mano y pide un pastel, devuelve este pastel y pide un vaso de licor, lo bebe, y cuando le dicen que pague el vaso de licor, responde:
- Yo di un pastel a cambio
- Pero tampoco pagó el pastel
- Pero es que no lo comí...

Hay intercambio, pero, ¿cómo pudo empezar?. Fue preciso que en determinado momento algo entrara en el círculo del intercambio. Era menester, pues, que el intercambio ya estuviese establecido. Es decir que, a fin de cuentas, siempre estamos pagando el vasito de licor con un pastel que no hemos pagado."



Lacan sostiene (1) que en ese cuentito si hay intercambio es porque lo que se intercambia no son objetos materiales (ésos que todos podemos describir y contabilizar: pastel, vasito de licor, etc.). El intercambio que le interesa a Lacan (ése donde se ponen en juego las cuentas del alma y el asuntito de la recipricidad) sucede en una "matrix" que está antes de cualquier pasamanos de objetos. Con esa Matrix empieza el intercambio y por eso nunca se trata de objetos materiales cuando intercambiamos objetos materiales (dinero por servicios, gato por liebre, hija por nietos a futuro, etc.). Pero sigue Lacan:

"Los cuentos de casamenteros, que son absolutamente sublimes, también divierten por esa razón.

 - Ésa que usted me presentó tiene una madre insoportable
- Oiga, ¡usted no se va a casar con la madre sino con la hija!...
- Pero no es muy bonita, ni demasiado joven
- Pues le será todavía más fiel
- Y además: no tiene mucho dinero
- ¡Pero usted quiere que tenga todas las cualidades!!

Y así sigue. El que casa, el casamentero, casa en otro plano y no en el de la realidad, ya que el plano del compromiso, del amor, nada tiene que ver con la realidad. Por definición, el casamentero, pagado para engañar, nunca puede caer en realidades grotescas".


Teniendo en cuenta que cuando habla del "plano de la realidad" y de la "realidad grotesca" habla de lo contrario a una realidad interferida por lo simbólico (donde una mujer no es una mujer sino lo que una mujer representa para alguien): ¿cuál es el engaño del casamentero?, ¿dar algo diferente de lo que parece ser?, ¿es eso todo el asunto?.

Valga como pregunta de entretenimiento para este fin de semana...

LIC GUILLERMO CABADO




















Para leer segunda parte de esta trilogía, clic aquí


(el pasaje arriba citado corresponde al final de la reunión del 19/5/55 del seminario de Lacan titulado "El Yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica")



(1) Aquí Lacan estaba volviendo a un asunto que había introducido por primera vez el 30/6/54: el don. Y con ello se estaba empezando a alejar de lo que había planteado en 1950 "la dialéctica freudiana que reveló la verdad del amor en el regalo excremencial del niño..." ("Intervención en el primer congreso mundial de psiquiatría"). Decir que ésa es la verdad del amor es sostener que amar es dar lo que se tiene. Pues bien, no sin la ayuda del potlach de Mauss y cierto asunto del caso Dora en relación con el padre de la paciente, Lacan terminará diciendo a partir del 23 de enero de 1957 que amar es dar lo que no se tiene. Subvirtiendo entonces la ilusión no sólo de la reciprocidad sino la del intercambio mismo. Basta haber vivido un poco para conocer esos pensamientos que pueden surgir en las relaciones amorosas: "yo le doy tanto... ¡¿y a cambio qué recibo?!". 

Las tres imágenes pertenecen a sendas obras de Adam MartinakisChiharu Shiota y Sun Yuan & Peng Yu. Todas halladas a través del sitio http://www.culturainquieta.com.

jueves, 24 de abril de 2014



UNA BREVE TRILOGÍA SOBRE EL AMOR
(3 perlitas tempranas,
desperdigadas en el seminario II de Lacan)

- El engaño del casamentero
- El espejismo amoroso
- La fidelidad


> HOY <

EL ESPEJISMO AMOROSO 
(a partir de un breve diálogo entre 
Pontalis, el del diccionario, y Lacan)


12 de mayo de 1955.
Lefebvre-Pontalis (creo que por entonces ya no se analizaba con Lacan) le manifiesta su preocupación por el curso que le parecía que estaba tomando la idea de "realidad" en el desarrollo del seminario "El Yo en la teoría de Freud...".

- La realidad no es el conjunto del símbolo - le dice Pontalis a Lacan

La preocupación de quien tiempo después realizaría con Laplanche el conocido diccionario de psicoanálisis, podría parafrasearse así: "¿Lacan, usted pretende decir que un vaso no es un vaso sino tan sólo su significación?".

Pero Lacan le responde introduciendo sorpresivamente al amor:

- Voy a hacerle una pregunta: ¿se ha dado cuenta de hasta qué punto es raro que un amor naufrague por las cualidades o defectos reales de la persona amada?

Es como si le dijera: "si quiere hablar de realidad, conviene que hablemos de amor". Así las cosas, puede que una paciente se pregunte: "¿por qué dejé de amar a mi marido?", Y posiblemente, más temprano o más tarde, se dé una respuesta: "porque él no es tal cosa", "porque él no hizo tal otra". Pero Lacan sostiene que difícilmente alguna de esas realidades sea la causa del final del amor.


Y Pontalis le responde:

- No estoy seguro de poder contestar que no. No estoy seguro de que sea una ilusión retrospectiva

- Dije que era raro -acota Lacan- Y de hecho, cuando sucede, parece ser más bien del orden de los pretextos. Uno quiere creer que esa realidad fue alcanzada

Con lo cual el seminarista redobla la apuesta: aún cuando todo indicase que el naufragio fue causado por cualidades objetivables del otro... lo más seguro es que no sean más que un argumento de quien no logra dar con la causa (1)


Pontalis entonces concluye (los signos de admiración se los agregué yo, suponiendo el tono en juego):

- ¡Eso equivale a decir que nunca hay concepción verdadera, que sólo vamos de correctivos en correctivos, de espejismos en espejismos!

- Creo, en efecto, que esto es lo que ocurre en el registro de la intersubjetividad donde se sitúa toda nuestra experiencia...

(pag 326 y 327 de la edición de Paidos, el subrayado es una injerencia de mi parte)

La respuesta de Lacan tiene dos elementos. Empiezo por el último: la afirmación de Lacan deberá ser verificada en cada caso y bajo ciertas condiciones que son las de la experiencia psicoanalítica. Fuera de ella... nada podemos asegurar, todo se reducirá a una especulación siempre al borde de hacernos decir estupideces con términos psicoanalíticos (aún cuando en la historia de tal o cual conocido escuchemos una serie de indicios de todo estos asuntos) (1)


El otro elemento de la respuesta final de Lacan es el que vertebra este comentario: sí, en el amor hay espejismo.

Entonces: ¿nunca hay concepción verdadera?, ¿el amor es engañoso?.

La respuesta es tajante: sí... pero a condición de completarla: no hay concepción verdadera en la medida en que insistamos en entrarle a la verdad del amor por la vía de la realidad.

Allí, una y otra vez no encontraremos "realidad" sino "juicios de realidad", atribuciones (a veces con la modalidad implicativa; a=>b) realizadas como un modo de velar un hecho irreductible: que no tenemos ni idea de la causa por la que empezamos a amar o dejamos de amar. Por ello argumentamos como podemos.


¿No es esto en definitiva lo que resuena en el pasaje de "En busca del tiempo perdido" de Marcel Proust, citado por Jean Allouch en su libro "El amor Lacan"?:

"Le brillaban mucho los negros ojos, y como yo no sabía entonces, ni he llegado luego a saberlo, reducir a sus elementos objetivos una impresión fuerte, como no tenía bastante de eso que se llama 'espíritu de observación' para poder aislar la noción de su color, por mucho tiempo, cada vez que pensaba en ella, el recuerdo del brillo de sus ojos se me presentaba como de vivísimo azul, porque era rubia; de modo que quizás si no hubiera tenido ojos tan negros, cosa que tanto sorprendía al verla por vez primera, no me hubieran enamorado en ella tanto como me enamoraron, y más que nada, sus ojos azules"


Guillermo Cabado



Para leer el eslabón previo de esta trilogía: clic aquí

(1) acoto al pasar: cuando a este tipo de planteos de Lacan se los saca de contexto, se corre el riesgo de quererlos aplicar alegremente a las vivencias de las personas salteándonos la experiencia de escucharlas en ciertas condiciones, de poder preguntarles sin apurarnos a comprender de qué nos hablan, e incluso de sorprendernos juntos con ellas ante ciertos revelacones (en fin, la experiencia del psicoanálisis...). Cuando este riesgo se consuma, lo que en Lacan tenía el valor de una conjetura a verificar en cada caso, se convierte ipso facto en una "verdad-sobre-la-psicología-de-las-personas"; huelga decir que entonces ya de Lacan no queda más que la homonimia de algunos términos. 

(las imágenes utilizadas en este posteo fueron tomadas del sitio Cultura Inquieta, de las cuales la primera y última pertenecen al artista Gregori Maiofis, la segunda a Peter Keetman y la tercera a Lissy Elle)



miércoles, 23 de abril de 2014


UNA BREVE TRILOGÍA SOBRE EL AMOR
(3 perlitas tempranas,
desperdigadas en el seminario II de Lacan)

- El engaño del casamentero
- El espejismo amoroso
- La fidelidad



> HOY <

LA FIDELIDAD 
("nuestra mujer de vez en cuando debe engañarnos con Dios..."
dice Lacan inspirado por un anarquista)


Un mes después de hablarle a Pontalis del espejismo amoroso, Lacan se ocupa de una pieza teatral varias veces reescrita a lo largo de los siglos: "Anfitrión". Una historia donde el ser tomado por otro y la cuestión de la fidelidad están en juego. Y de entrada no más le propone a su auditorio:

- Nuestra mujer de vez en cuando debe engañarnos con Dios...

Por cierto, esas palabras resuenan al pasaje de la obra en cuestión en la que un dios (no cualquiera: Júpiter, el Padre de la luz (1)) se metamorfosea a imagen y semejanza de un marido ausente, Anfitrión, hasta acostarse con la esposa de éste, Alcmena. Sin embargo Lacan, tras lanzar lo que él mismo llama "una de esas fórmulas lapidarias de que es posible valerse en el transcurso de una justa", no enlaza su fórmula con la obra de teatro anunciada sino con... uno de los padres del anarquismo francés: Pierre Joseph Proudhon.


Enseguida recomienda con entusiasmo la lectura de Proudhon: él nos permitirá preguntarnos "¿qué puede justificar la fidelidad, fuera de la palabra empeñada?". Con ello quiere distanciarse de "una vieja tradición francesa" (no sólo francesa por cierto) que habla con cinismo de lo que se puede esperar de "las relaciones entre el matrimonio y el amor".

En definitiva, Lacan se está sirviendo de Proudhon para preguntarse: ¿hay una fidelidad que nazca de algo que no sea el compromiso proveniente de lo moral (por la promesa proferida o el precepto a sostener)?. 

Apoyándose en el padre de los anarcos, Lacan descarta la "ilusión romántica de que lo que sostiene el compromiso humano es el amor perfecto, el valor ideal que cobra cada uno de los miembros de la pareja por el otro"

Y, obsérvese, con eso desconecta inmediatamente a la fidelidad de la órbita del amado (la fidelidad entonces no dependerá de lo que el amado es o se le supone ser).


El paso siguiente que da Lacan no está explícito pero lo podemos leer en lo que agrega: para dar su estatuto a la fidelidad en el matrimonio, Proudhon "encuentra la solución en algo que sólo puede ser un pacto simbólico". Pero ojo, porque este pacto no tiene que ver aquí con la palabra empeñada.

"El amor que la mujer da a su esposo (un momento después agregará que esto se sostiene del mismo modo para el amor que el hombre da a su esposa) no se dirige al individuo, incluso idealizado - éste es el peligro de lo que llaman vida en común: la idealización no es posible...-, sino a un ser más allá"


En este instante retorna una fórmula ya deslizada en el seminario I respecto del "ser más allá" (2). Lo que agrega de inmediato complica la rápida identificación a la que nos vemos tentados: "ah, este ser es el Dios con quien las esposas convedría que engañen a sus maridos":

"El amor, hablando con propiedad: sagrado, aquél que constituye el vínculo del matrimonio, va de la mujer a lo que Proudhon llama todos los hombres. De igual modo, a través de la mujer, la fidelidad del esposo apunta a todas las mujeres."

Y Lacan rápidamente aclara: "esto puede parecer paradójico. Pero 'todos los' no es en Proudhon alle, no es una cantidad, sino una función universal. Es el hombre universal, la mujer universal, el símbolo, la encarnación del miembro de la pareja humana"


Esa función "toda/os los" que Lacan extrae de Proudhon implica esto: un más allá del partenaire en tanto individuo ("en vos amo un más allá de vos").

Pero lo implica con una sutilieza fundamental: no se trata de un asunto de cantidad. Es decir que Lacan con Proudhon no está postulando: "como no me alcanza con una... necesito otras tantas más".

Ese más allá habla de una radical discontinuidad entre "vos y todas las otras" o entre "vos y todos los otros". Una discontinuidad donde este "vos" no es uno más en la serie en la que están incluidos todos los otros u otras (3).



Ya aquí está la semilla para que este "vos" sea un "en vos...no todo".

Pero un "no todo" que no dispara la búsqueda de otro partenaire.
Lejos de eso, en esta vía el amante queda fiel a este "vos".

Una fidelidad que no responde a ninguna característica de éste.

Una fidelidad que se sostiene en ese vacío que habita en "vos".
(un vacío en el conjunto de características que podrían definir a "vos").
En definitiva a lo que se es fiel es a un "vos" habitado por cierto "no sé qué".
... Lo cual puede ser inquietante para el amado: tal fidelidad no depende de nada que él pueda ajustar, cambiar, mejorar...

Así las cosas, esa fidelidad, insostenible por vía de palabras empeñadas, ya no se sostiene en lo moral sino en las resonancias que se producen en ese vacío que hay en "vos" (4).


Lacan dice algo más y le da a todo esto su justo peso. Lejos de proponer un programa sobre cómo vivir el amor o de una promesa de armonía en los vínculos amorosos, plantea:

"Pero entre ese pacto simbólico y las relaciones imaginarias que proliferan espontáneamente en el interior de toda relación libidinal, existe un conflicto, tanto más cuanto que interviene algo del orden de la Verliebtheit (enamoramiento)"

Un modo de afirmar que aún cuando esté operando la función "todos los"/"todas las"..., las vicisitudes del vínculo pueden sufrir cientos de variaciones... porque entre otros ingredientes, además de tal función, el enamoramiento, que es muy otra cosa, también tiene algo para decir y tensar.


La mesa está servida.
Los invito al grupo de estudio "El amor Lacan" para desplegar éstas y otras tantas cuestiones

Lic Guillermo Cabado




















Para leer el eslabón previo de esta trilogía: clic aquí

(las fotos pertenecen a los artistas Robert Gligorov y Laura Williams)

Todos los pasajes consignados son ubicables en la reunión del 8/6/55 del seminario "El Yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica" de Lacan, edición Paidós.

(1) Años después, el 23/11/60, durante su seminario VIII, Lacan volvería a una escena donde un hombre engaña a una mujer haciéndose pasar por su esposo, en ese caso refiriendo al "Heptamerón" de Margarita, reina de Navarro. En este último episodio la cuestión de la luz estará directamente subrayada, ya que el engaño se realiza sirviéndose de la plena oscuridad nocturna: "es ahí cuando uno no reconoce a la persona que le toca la mano", dice Lacan. Y si bien allí pasa de largo y nada especifica, conviene decir que no es un detalle el hecho de que el verbo utilizado no fuera "conoce", sino uno que remite a la cuestión doctrinal del reconocimiento y por lo tanto al peso que en ella tiene el registro simbólico. A tal punto que a la objeción que a veces se escucha ante este pasaje ("¡cómo una mujer no va a reconocer a su marido cuando está la luz apagada!"bien podríamos responder con lo siguiente: "es que el reconocimiento no es un asunto de imagen... con luz o sin luz, no es por esa vía que se producirá".

(2) En su seminario del 30/6/54 Lacan decía: "Pero inversamente, lo que es ciertamente no menos evidente, es que amar (y diría: en forma correlativa, y a causa de ello) es justamente amar a un ser más allá de lo que parece ser. El don activo del amor no aspira al ser en su especificidad, sino en su ser" . En su libro "El amor Lacan", al comentar este pasaje Allouch afirma: "el amor no se dirige al ser en tanto que ser sino a UN ser en su particularidad, que se llamará entonces óntica (se trata del ser en tanto un estar). El ser en tanto que ser no podría dar cuenta de lo particular". Así las cosas no se trata de una esencia sino de lo que se escabulle. Allouch lo llama "el ser de esto". Agrego: no es otra cosa lo que a veces se juega cuando alguien dice "¡¿pero qué carajo le veo a éste que sigo estando con él?!".

(3) un "todos los otros/todas las otras" que a su vez queda por esto mismo irremediablemente falto de "vos"

(4) Todas estas consecuencias planteadas en esta última parrafada no se encuentran desplegadas en la clase del seminario II, pero sostengo que si ellas no estuvieran operando como condición necesaria, el potencial de esta observación de Lacan, con el apoyo de Proudhon, se diluye en la limitación del planteo de la intersubjetividad. Creo que es uno de esos puntos donde los planteos de alguien incluye elementos que piden un despliegue que al realizarse obligará a modificar algunos fundamentos hasta entonces sostenidos. Algo similar se juega cuando Allouch en el libro ya referido, al comentar este mismo pasaje del que aquí me ocupo dice que este "pacto simbólico" no coincide con lo que hasta aquí Lacan denominaba con tal término (recordemos: cuando alguien profiere, por ejemplo, un "tú eres mi mujer", su propio mensaje le llega en forma invertida desde el campo del Otro comprometiéndolo con lo que de lo afirmado se desprende: "entonces yo soy tu esposo").