lunes, 31 de mayo de 2010


Una de padres e hijos

CUANDO EL ÉXITO
DE LA COMUNICACIÓN
...ESTÁ EN SU FALLA

(a partir de 
algunas escenas de
a
"¿QUÉ HORA ES?"
de Ettore Scola)

(con Marcello Mastroianni y Massimo Troisi)

El abogado Ridolfi va a visitar a su hijo a Civitavecchia, donde está haciendo el servicio militar. Es su día de franco y es una buena ocasión para encontrarse con su muchacho. Al fin y al cabo se ven menos de lo que él quisiera. A los minutos de estar juntos, el padre le cuenta a Michele que le compró un auto, una bruta máquina que tantos estarían felices de tener... Pero no este hijo: a él, los autos, ni fu ni fa.

Pero hay más, papá tiene una sorpresa para él: le va a comprar un departamento en una de las zonas más bellas de Roma. "Ahí vas a poder atender a tus clientes. En cuanto regreses del servicio militar, le pego un llamado al escribano y firmás". "¿Pero qué clientes, papá?, ¡soy licenciado en letras!". "Bueno, Michele, podrás escribir, o podrás...". El entusiasmo del doctor Ridolfi no encuentra eco en el hijo. Pero está tan deseoso de darle a su hijo, y además el día juntos recién comienza. Van a tomar un café...


Transcurre la mañana con los dos vagando por Civitavecchia. El padre tratando de sintonizar el deseo de su hijo (si engancha la frecuencia sabrá qué bienes darle para ayudarlo en sus anhelos... los del hijo, claro). Son tan distintos. 
Uno verborrágico, el otro reservado. Uno con el apetito de las ciudades y lo que se llama el progreso, el otro con la calma pueblerina y un semblante dubitativo que está sostenido por una certeza: "soy inconstante"

Pero ya es hora de almorzar...



Pasan las horas y estos dos tipos, tan diferentes, coinciden en un juego literario. Hablan de Petrarca y del Dante. El hijo se sorprende de cuánto sabe de eso su padre. Entonces se entusiasma con otro juego...


Aún en la diferencia, parecen haber encontrado un código en común y las horas pasan gratas. Si hasta terminaron comprándose el mismo modelo de zapatos. Y es sobre lo "chic" del vestir que está hablando el incansable papá protagonizado por Mastroianni cuando...


Algo empieza a tensarse en el aire del día. 
El padre siente que entre él y su hijo se pasea un abismo que ninguna literatura podrá eliminar. Intuye en cada signo que el hijo preferiría estar con otros y no con él en esas horas que se alargan. Descubre en eso que Michele tiene una novia, insiste en conocerla. Uno podría especular con que acaso el viejo encuentra en eso otro rasgo en común con su pibe: a pesar de lo que él podía suponer, ¡Michele tiene éxito con las mujeres!. La marea lo acerca al fruto de su propia sangre. Pero enseguida lo va a volver a alejar. 

Como sea, el día avanza: quedan un par de horas para que su tren parta hacia Roma y el mundo...

El desenlace

Termina el día uno advierte que el papá abogado está convencido de que él para el hijo es "un cero a la izquierda", que nada de lo que él valora es lo que Michele valora. Como sea, el padre insiste en ir a conocer el bar que il suo figlio suele frecuentar. En medio del barullo de los pescadores y sus partidas de naipes, don Pietro, el tabernero, lo recibe con alegría: "¡abogado, no sabe el placer que tengo de conocerlo!; le insistí a Michele en que lo trajera esta noche pero me dijo que no podía"...


El abogado Ridolfi se excusa, ya es hora de partir. El hijo lo quiere acompañar, él le dice que no, que se quede con sus amigos. Se va, camino a la estación. Michele lo sigue...



La palabra clave de toda esta historia,
es "Islandia".

Ella desmiente que el padre no sea clave para el hijo.
Claro... es también la espina en nuestro narcisismo de padres:
eso que un hijo toma de todo lo que le ofrecemos es... 
una pequeña astilla desprendida de un viejo libro leído en una noche que acaso jamás haya sucedido.

Con esa pequeña astilla un hijo construye su barco más bravío.
Y siga la posta, mientras el reloj avanza.


 Guillermo Cabado



Nota: no será por esto que ahora agregaré, que afirmo que "Islandia" es la palabra clave. Pero vale decir que aunque no se nombre en toda la película a cierto poema y a su autor, argentino, ambos sobrevuelan en las dos últimas escenas que les propuse. Al punto que me gusta imaginar que acaso Scola estuviera filmando poseído por ellos. Es decir, sin recordarlos...

sábado, 1 de mayo de 2010


Pequeño misterio a 600 metros del borde de la vía

(escrito en noviembre de 2007)



Si alguna vez andan por Palermo Viejo traten de caminar la calle Cabrera a la altura en que, rumbo a Godoy Cruz, atraviesa la vía. Descubrirán un inesperado callejón que se abre hacia la derecha y se mete como un pez nocturno entre la carne de las casas y el tejido metálico del ferrocarril.
Desde hace un tiempo he visto en ese lugar deambular a un hombre a quien pude reconocer de inmediato: es el mismo changarín que trabajara en el mercado de las flores que hasta hace poco existiera en la calle Acuña de Figueroa. Lo recuerdo cargando paquetes como de cíclopes, llenos de azucenas y liliums, en las madrugadas de hace algunos años.


El hombre es de poco hablar. En su ropa persiste el olor de aquel mercado fabuloso y creo que está irremediablemente loco. En su mano blande un mapa con una única cruz que reza:
'Armenia y Niceto Vega. No se te ocurra quererme. Cinco'

http://botonesrosas.blogspot.com/

Como en tantos casos, el extravío de este changarín es transparente:
convencido de ser Klimt (aquel pintor vienés del que posiblemente hayan oído hablar alguna vez), promete que en alguna noche de viernes, y antes de que acabe noviembre, hará justicia a brochazos de alquitrán y vino borgoña (la combinación produce estragos) contra el frente de un negocio de prendas femeninas que ha convertido sus cuadros en una tilingada.
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Ese local se encuentra en Armenia y alguna otra calle que el hombre que se cree Klimt se niega a precisar por temor a que alguien pretenda neutralizar el atentado inminente.
De cualquier forma, verán, descubrí un hilo que podría echar luz al asunto:
el changarín asegura que la ejecución de su plan se viene retrasando exclusivamente por razones eróticas.
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Se dice el amante de cinco mujeres que muy cerca de allí lo retienen en un teatro cada noche de viernes cuando está pronto a descargar su ira contra el negocio con nombre de bailarina famosa (me permito deslizar esta pista: si es conjetura de mi parte, los invito a hacer ustedes mismos este recorrido para verificar su valor).
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He comprobado además que ese teatro existe: Teatro Tadrón.
Que efectivamente se encuentra también en la calle Armenia (justo en la esquina de Armenia y Niceto Vega).


Que el enigmático entrecomillado de su mapa ('No se te ocurra quererme') es el título de una obra de danza teatro que sucede todos los viernes de noviembre a las 21.


Que la combinación de boleros y Klimt en que se empapa el cuerpo de esas cinco bailarinas-actrices, bien podría producir tal ímpetu, aún en un hombre ajado por el extravío, que le deje abarcar a las cinco, en número y longitud.

Los invito a verificar esa suerte de alquimia que se produce en el Tadrón.
A descubrir también cada una de estas imágenes que aquí les comparto, en la tridimensión de la escena.

Puede que allí mismo se topen al changarín del mercado de las flores que hoy ya no existe.
Si así fuere, síganlo cuando salga del Tadrón.
Quizás ésa sea la noche en que, al fin, el hombre que se cree Klimt desande las cinco cuadras que hay entre el teatro e Isadora para hacer justicia a golpes de borgoña y alquitrán.
Tal vez les sobrevenga entonces, como a mí, un único pensamiento:
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si yo fuera Klimt también moriría de amor y de ira en la una y en la otra esquina.


'NO SE TE OCURRA QUERERME',

viernes 21hs, Teatro Tadrón.

Reservas 4777 - 7976.

Más información en www.vaciadeespacio.blogspot.com



sábado, 24 de abril de 2010





BAILARINAS DE DEGAS
BAILAN CAJAS CHINAS
EN EL VIENTRE DE LA PRENSA




(escrito dictado por las vibraciones que desde el piso del antiguo edificio de "La Prensa" se te meten por las plantas de los pies mientras asistís a "Estructura suspendida", intervención de Lucio Capece, Andrea Servera, Karin Idelson y Bibiana Scholnik, con participación especial de Andrea Fernández, Fabiana Capriotti y Pablo Kun Castro y vestuario de Vicky Otero)



Un conejo en zapatillas trajina las paredes en el patio de mi abismo. Yo no encuentro mi máquina de escribir y él no encuentra la salida. Sé que la he dejado por aquí. Él se ha quitado el saco. Presumo el calor de su prisa, del tamaño de la mía: hace veintidós años que debo entregar el tiro de gracia a montar en la portada. Pero la máquina.





Repaso los lugares posibles donde hallarla: las escaleras, el cuadrito en el pasillo con el plano de salidas de emergencia, el enrrejado de los ascensores, las volutas paliduchas de las lámparas, las baldosas florecidas de las galerías, las placas de bronce detrás de los músicos. No ha de ser que este edificio se tragara mi Olivetti. Debe estar en un recodo, o en el bies de algún balcón. Teclas negras tiene. Es inconfundible: teclas negras como bailarinas de Degas. Saltarinas como Alicia cayendo por el pozo de la historia. De piecitos con zapatillas: certeras golpeteantes de una hoja de baldosas.


¿Es seguro un espacio interior?. No las puede haber devorado el cemento. Esto pasa siempre con las mujeres: los mejores trazos de uno se suspenden de sus pasos. Luego te distraés, un instante te distraés, como este conejo sin saco que yerra por el patio, y les perdés el hilo de sus músicas.


Necesito recuperar el paso. Negras como bailarinas de Degas, me golpean en las sienes. ¿Es seguro un espacio interior?. El conejo ya no corre. Ellas. Sin ellas no habrá editorial ni gobierno que voltear. Sólo fantasmas que bailan en mi plano de emergencia.



(imágenes reproducidas: obras de Rebecca Horn y de Kazimir Malevich; imágenes que se me escabullen: las de "Estructura suspendida"; quien guste verla acaso encuentre sus propias resonancias)




Nota:
desde aquella intervención de Mariano Pensotti en el pasaje Rivarola que no disfrutaba tanto de esta vertiente del arte. Por mi parte, con Cintia Miraglia y La Todo Mal Orquesta nos quedamos con las ganas de concretar en el FIBA una intervención en el secreto encanto del puente que une Soler con Ciudad de la Paz: justo Telerman le mejoró la vida a los vecinos emprolijando el lugar. Donde sucedía el encanto ahora hay un centro de gestión vecinal. Y está bien. Aún así, quien ande por allí podrá ver algunas de sus pequeñas maravillas. Por caso: el loco árbol que ha insistido en nacer no desde nuestra horizontal sino desde una perpendicular; a pedir de conejos. Misteriosa Buenos Aires.



ALGUNOS DÍAS DESPUÉS
LLEGO A ESTAS FOTOS DE "ESTRUCTURA SUSPENDIDA"
REALIZADAS por DAMIÁN BENETUCCI



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lunes, 19 de abril de 2010

Presentación en el Congreso AASM 2010

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“EL EFECTO MARIPOSA"

(o POR QUÉ EL ÚNICO LÍMITE DEL RECORDAR,

ES QUE RECORDAR NO TIENE LÍMITES)


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Tengo para mí, que en un psicoanálisis no cuenta la mayor o menor cantidad de información o saberes que un paciente porte. Lo único que cuenta es qué combinatorias realiza con lo que nos dice y cómo nos incluye en ellas, aunque los vocablos que utilice se reduzcan a apenas dos. Con dos rectas hay gentes que han creado un mundo, y su infinito.


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Ewan, el memorioso, en su caballo


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Ewan echa mano a su capacidad de recordar una y otra vez los sucesos traumáticos de su historia. Su aventura es penosa pero su bandera invita al esfuerzo: cambiar este presente, modificando el pasado. Corría el 2004 y este relato se conoció en los cines como “El efecto mariposa”.

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Mientras el protagonista recordaba, el espectador, identificado al ritmo de sus recuerdos, se topaba una y otra vez con el límite de ciertas lagunas mnémicas. En la pasión humana por habitar la tranquilidad del significado y la consistencia de las cosas, la imaginación del público podía cerrar cada vez las grietas abiertas por los renuncios de la memoria. La misma sutura que Ewan operaba en cada “volver a recordar” re-combinando las mismas piezas gastadas de los recuerdos: personajes, ciertas palabras (como “hermandad” o “herida”), algunos episodios (por caso: el de un niño tomando un filoso cuchillo con la mirada extraviada).



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El film en cuestión bien podría haberse llamado “El efecto Kuleshov”. Término con el que los cinéfilos recuerdan a aquel montajista sin el que el cine de Eisenstein no hubiera sido el que fue. O acaso, mejor, “El fracaso de un montaje exitoso”: En cada nueva producción de significado del recordar de Ewan (que de eso se trató el montaje cinematográfico desde siempre: lo que se produce con la combinatoria de signos), lo que fracasa es la homeostasis perseguida.

A diferencia del Funes de Borges, por sus lagunas sabemos que Ewan no ha “caído del caballo”. Tampoco cierto modo de espectador, quien persiste en la arrogancia de creer que “esto se resuelve recordando como es debido”. Esa creencia divulgada de que el recuerdo, cuando se ejerce convenientemente, acaso con ayuda de un psicoanalista, habrá de devolvernos a no sé qué armonía, perdida por causa de un trauma intolerable para el sistema de la conciencia.

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No me anima en este rumbo una crítica estética. El diálogo con “El efecto mariposa” no es sin este comentario hallado en un foro de debate entre espectadores, de los tantos, que tuvo el film de Bress y Mackye Gruber: “esta película me ha dejado pensando. Por cierto, todos sabemos que lo que nos pasa en la infancia nos determina como adultos”. .

Pero la obra no sólo articula cierta idea que parece bastante instalada en el consenso social respecto de lo que supuestamente nos enseñaría la experiencia psicoanalítica (la teoría freudiana del trauma que desarrollos posteriores del mismo padre del psicoanálisis echara por tierra).

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También, en el hacer de sus realizadores, se pone en juego una combinatoria que acaso opere más allá de la voluntad de los mismos.

Bress y Mackye Gruber dijeron en un reportaje: “desde que escribimos la historia nos dimos cuenta de que no podía terminar bien, pero tampoco queríamos ser muy oscuros, así que un día decidimos que filmaríamos cinco finales diferentes”.

Voy a equivocar lo que en esta frase pareciera inequívoco: ¿y si “terminar bien” no aludiera a un final “oscuro o luminoso” sino al impasse que implica encontrar “la versión final de la memoria”?.

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Teniendo en cuenta que los cuatro finales que se supone que quedaron afuera de la película exhibida reingresaron a través del DVD con que se comercializó el film, esa relación entre un final y cinco, lejos de representar no sé qué problema de técnica dramática respecto del cierre narrativo, acaso nos plantee que “cinco” representa ante “uno” lo siguiente: que la expresión “terminar bien” no logra atrapar lo que pretende nombrar. Como en una suerte de cazador cazado, los autores fueron tomados por su propio juego: ¿cuándo se termina de recordar?; ¿cuándo estamos ante el último recuerdo?; ¿cómo es que, tantas veces verificable a lo largo de un análisis, hay algo del recordar que parece que fugara al infinito (lo que ha parecido, al fin, “la versión definitiva” de la historia familiar, sufre un nuevo cambio: “acaso mi padre no lo haya hecho por bueno, como concluí ayer, sino por interesado…”)?. Cinco finales: la misma deriva de Ewan poseyendo a sus creadores. Pero…

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El único límite del recordar

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La persistencia memoriosa de Ewan bien podría ser cargada, al modo en que lo hace la posición neurótica en un análisis, a cuenta de la impotencia: “es posible, sólo que yo aún no he podido, articular con palabras y sin resto, Eso que en mí se agita”.

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Pero también, y éste es el punto crucial en el que se juega el recordar durante una psicoanálisis, a cuenta de una imposibilidad. La misma que Borges nombra en “El idioma analítico de John Wilkins” citando a Chesterton:

‘El hombre sabe que hay en el alma tintes más desconcertantes, más innumerables y más anónimos que los colores de una selva otoñal... Cree, sin embargo, que esos tintes, en todas sus fusiones y conversiones, son representables con precisión por un mecanismo arbitrario de gruñidos y de chillidos. Cree que del interior de un bolsista salen realmente ruidos que significan todos los misterios de la memoria y todas las agonías del anhelo’” (el subrayado es mío).


Esa imposibilidad está en la raíz de lo que nos pone a hablar en un análisis: la brecha irreductible entre el cuerpo y las palabras. Entre un cuerpo que no es sin palabras, y palabras que no son sin lo que en el cuerpo se agita. He allí el trauma que está en cuestión en un análisis. Un trauma que no se ubica en el nivel de la biografía (aunque se articule en los relatos que de ella se hacen), sino en la insuficiencia de lo simbólico para nombrar el deseo.

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Definitivamente: no es lo mismo ubicar el resorte traumático en el encuentro con padres como los que aparecen en los recuerdos de Ewan, que localizarlo en el encuentro con algo que no cesa de no inscribirse cuando se intenta nombrar el deseo de esos padres. Ubicar el trauma en esta imposibilidad frente a la significación del deseo conlleva una orientación radicalmente diferente en la escucha que se hace del recordar y su deriva.

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Deriva

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En “El efecto mariposa”, a medida que se suceden las versiones de la memoria, los mismos recuerdos que al principio se presentan como plenos de significado se revelan como meros signos vaciados de sentido, al servicio de un montaje que es el que determina lo que ellos significarán.




Esa deriva está motorizada por el fracaso del que habla en el intento de representar la verdad de lo que en él se agita. Y sólo puede detenerse mediando una operación de cierre que transforme esa cadena discreta de recuerdos en un conjunto articulado de signos. Ese cierre sucede por vía de la exclusión de un elemento de la cadena. En términos lógicos hasta el momento de esa operación, aquél ha funcionado como uno más entre tantos otros, todos elementos discretos que fracasan en el intento de representar lo que en el que habla se agita, o, al decir de Borges, todos los misterios de la memoria y todas las agonías del anhelo.

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Pero en el preciso momento en que uno de esos elementos, cualquiera de ellos, es ubicado en el lugar de aquél que viene a representar, no ya lo que en el que habla se agita, sino el fracaso de la representación, el resto pasa a ser un conjunto: el de todos los elementos que están al servicio de la memoria. La exclusión de ese elemento, ahora diferencial, le da consistencia de conjunto de recuerdos. Y con ello, una homeostasis, acaso siempre pronta a estallar, que sólo se sostendrá a condición de mantener excluido a ese elemento diferencial. No hay en esta lógica otra cosa que la misma que ubicara Marx en el inicio del libro I de “El capital”, cuando abordara la formación del valor, ubicando al dinero como ese elemento diferencial.


Quien haya visto “El efecto mariposa” tendrá presente cómo es que Ewan cesa en sus constantes intentos de “recordar bien”: es cuando decide excluir de su memoria una de las piezas. Es cuando decide excluir a su amada, la rubia Kayleigh, de sus recuerdos.

Lo que no deberíamos perder de vista, lo que en definitiva constituye la brújula para escuchar la lógica estructural del recordar en el marco de un psicoanálisis, es que en su exclusión el elemento “Kayleigh” articula una verdad que grita en la memoria: el único límite del recordar es que el recordar no tiene límites.


Lic Guillermo Cabado

miércoles, 31 de marzo de 2010



EL INFIERNO TAN TEMIDO



Les convido a este pequeño recorrido:


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Mayo de 1944
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Sartre estrena la obra de teatro "A puertas cerradas". Su planteo central: "el infierno es la mirada de los otros"


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Meses después,
Lacan publica un artículo que se basa en un juego lógico donde a tres presos le colocan un disco en la espalda que ellos no han visto y deben poder deducir el color del mismo basándose en la reacción de los otros cuando los miran.
Discute con ese juego el planteo sartreano.



=>Febrero/marzo de 1964:
durante su seminario XI Lacan le da una vuelta de tuerca a sus reflexiones de 20 años sobre la mirada.
En medio de sus clases lanza esta frase enigmática: "el mundo es omnivoyeur, pero no exhibicionista".
Si bien es necesario recorrer esas cuatro clases para hacer resonar el alcance clínico de lo que propone, este corto de Susan Jacobson con el que a continuación cierro la propuesta de este pequeño circuito, pareciera captar la dirección no trivial de esas palabras:





(para quien guste leer la obra de teatro de Sartre:
clic aquí)


(para quien quiera saber algo más sobre el corto,
"One hundredth of a second",
clic aquí)


Guillermo Cabado

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martes, 16 de marzo de 2010



NE CHANGE RIEN
de Pedro Costa

(un fragmento de una crónica de Roger Koza sobre el festival de cine de Guadalajara 2010)


"Una estudiante de multimedios –así se presentó-, perpleja y confundida ante Ne change rien (aquí se puede leer sobre el film), le preguntó a Costa sobre el propósito de su película y el tipo de cámara con la que había trabajado. El trabajo sobre la luz de Ne change rien es ostensiblemente magistral, algo que cualquier estudiante o espectador medio puede reconocer. Costa, antes de responder, preguntó: “¿Qué entiende usted por multimedio?” La veinteañera respondió, pero como muchos conceptos empresariales y publicitarios, la tautología, síntoma de inconsistencia epistemológica, dominó su respuesta: “El uso de muchos medios para expresar una idea”. Costa, luego, respondió. Lógicamente, desestimó que un film deba tener un propósito y se mostró absolutamente escéptico de los multimedios. Insistió sobre el carácter maquínico de nuestros intercambios simbólicos. “Todo es una máquina, inclusive usted, y lo que importa es lo que está entre una máquina y otra, lo que está en el medio”. Fue enfático sobre el trabajo que requiere filmar lo que está en el medio, y además afirmó que su película era precisamente sobre eso: músicos trabajando y protegiéndose. Siempre calmo y respetuoso, ante otra pregunta, sostuvo: “Nadie sabe muy bien, incluso Godard, qué significa el montaje. Es un misterio del cine”. Agregó, posteriormente, “que es uno los grandes placeres de este oficio y uno de los momentos más musicales del cine”. Indirectamente, no hacía otra cosa que privilegiar el sonido sobre la imagen, una meditación muy bressoniana (y heideggeriana)".


jueves, 18 de febrero de 2010

GRUPO DE ESTUDIO

a


A partir de marzo





¿Por qué no es lo mismo...


... analizar hechos,
que analizar el hecho de decir?



... la transferencia como repetición,
que la transferencia como un dar lo que no se tiene?



...hablar de sexo,
que abordar lo erótico del decir?



... interpretar la transferencia,
que interpretar en transferencia?







GRUPO DE ESTUDIO SOBRE LA TRANSFERENCIA


(una travesía con la brújula que construye Lacan en su seminario VIII (*))



Coordinación:





Informes:
cpn_centro@yahoo.com.ar























(*) Es decir: "La transferencia en su disparidad subjetiva, su pretendida situación, sus excursiones técnicas" (1960/61)