jueves, 6 de junio de 2013



EL SOPLO DE LAS COSAS

"El personal del aeropuerto de Bristol, al suroeste de Inglaterra, ha lanzado una campaña de búsqueda internacional para encontrar al dueño de un antiguo oso de peluche de principios del siglo pasado, que se extravió en una sala de espera del área de salidas."
(noticia publicada en el diario ABC de España)

Esperaron catorce meses. Recién empezaba el 2012 cuando encontraron al oso, perdido en la sala de aeropuerto. A juzgar por su piel de mohair un fabricante de peluches especula con que su origen podría ser alemán. Pero quién sabe. 
Tal vez porque junto a él estaba la foto que se había sacado con ellas en marzo de 1918, supusieron que alguien vinculado con las chicas vendría pronto a buscarlo.

Sin embargo han pasado catorce meses y nada.

Todo lo que se sabe, gracias a la borrosa escritura del dorso de la foto, es que ellas se llaman Dora y Sonia. Y él, Glyn. Pero él, Glyn, insiste en callar igual que las cosas que a veces nos toman de las solapas sin aviso previo.

El aeropuerto de Bristol decidió dejar de esperar y ha comenzado a llamar al mundo a través de las redes sociales.

Entre llamado y llamado se escucha el silencio del oso.

Y en él, el soplo de las cosas que causan el deseo.

(video no disponible en la versión por mail)


Si alguien sabe algo (aunque más no sea hacia dónde miraba Glyn en la foto), por favor avisar aquí: 





miércoles, 5 de junio de 2013



LO QUE EL PROPIO ANÁLISIS "NON DA"
LA TEORÍA "NON PRESTA"

O DE CÓMO La JEFA DE CÁTEDRA LACANIANA
NO QUEDA EXENTA DE UNA VERDAD QUE A TODOS NOS TOCA...




NO ME DIGAS CUÁNTO SABÉS. 
DECIME EN QUÉ MODIFICÓ TU PRÁCTICA



No importa su nombre, porque se trata de un problema que a todos nos toca.

Importa sí su posición en el ámbito psicoanalítico, porque este comentario, lejos de invitar a pensamientos como el que le escuché a un interlocutor hace unos días ("uy, si le pasa a ella, que tanto sabe, ¿qué puede esperarse de mí que estoy a años luz de su saber?"), apunta a preguntarse si el "saber hacer" del analista bebe del "saber académico" y de "la inteligencia".

Leo en un reportaje hecho a una de las profesoras de teoría lacaniana con más y bien ganado prestigio de nuestro medio: los psicoanalistas debieran tener ciertos conocimientos de medicina, ¡no puede ser que no sepan diferenciar un ataque epiléptico de un ataque histérico!.


Ella es jefa de cátedra. Enseña, entre tantas otras cuestiones, los asuntos que en la teoría de Lacan tendrían como consecuencia un cambio en el modo de pensar lo que es el corazón del psicoanálisis, la transferencia: el significante, la letra, el objeto, el sujeto supuesto saber.

Pero a ella le sucede lo que a todo mortal: mucho antes de abrir el primer libro de Freud o de Lacan, cada quien ya tiene una "teoría silvestre previa" respecto de lo que es el malestar psíquico y de qué sería curarlo. Teoría, conjunto de pre-juicios, llámese como se guste, solemos no estar advertidos de su presencia.

Como sea, no será sin ella que cada quien se acerque a la doctrina psicoanalítica hasta acaso ser capaz de absorver las obras completas de todos los maestros. Pero...

...si no hubo logrado detectar y poner en cuestión su teoría silvestre previa, 
no hay dudas de que "a la hora de los bifes", 
a la hora de intervenir en un tratamiento, 
lo hará comandado por esa teoría 
y no con la lógica de lo que ha leído, e incluso enseñado. 
Doy fe.


LA PERSISTENCIA DE LA MEMORIA
(una de cuadros) 

Obsérvese:

si algo se extrae como consecuencia de la doctrina de la transferencia en Lacan es que para pensar en una posición subjetiva, histeria por ejemplo, es necesario leer esa posición en el lazo transferencial y no en fenómenos de comportamiento. Eso que algunos nombran de un modo tajante, que diferencia la práctica analítica de otras (sin por ello caer en la torpeza de postular a una mejor que otra): el diagnóstico se hace en transferencia. 

Y eso va de la mano de que el sujeto y el saber de los que habla Lacan en el algoritmo de la transferencia son sub-puestos al significante (1). 

Y sólo hay significante gracias a un acontecimiento que nada tiene que ver con la lectura de signos provenientes de alguien que "es" ("es histérico", "es obsesivo"...). La transferencia no es un "reproducir ahora con el analista lo que de antemano ya se es", analista que aprovecha y entonces lee sus signos y diagnostica. 

El psicoanálisis sucede gracias al análisis de la transferencia y no al análisis de "los modos de comportarse en la vida, descubiertos gracias a que ahora suceden en el presente del consultorio" (lo que suele conocerse como análisis de cuadros).


Luego, sea que el paciente nos hable de un ataque padecido o que el ataque le suceda en el instante en que está con nosotros, ante la disyuntiva de "histeria o epilepsia", una de dos:

#) o creemos que hay algo para leer en un "ataque" 
(y no en lo que dice sobre el ataque + lo que le causa lo que dice + lo que hace con lo que nos dice sobre el ataque) (2),
y por tanto como lector, de hecho y de derecho, 
no nos posicionamos como psicoanalista por más doctorados que tengamos 
(en tanto nos proponemos una lectura de signos y no una lectura de la letra)

#) o le preguntamos si consultó a un médico por lo sucedido. Y, si acaso sucediera el ataque en el instante mismo en que está con nosotros, ¡nos dejamos de joder y llamamos a una ambulancia!.


"El psicoanálisis no tiene sino un medium: la palabra del paciente. La evidencia del hecho no excusa que se le desatienda". Lo decía Lacan al comienzo de todo, en "Función y campo..." en 1953. Y eso nunca cambió. Tamaña limitación es lo que le da al psicoanálisis su humilde posibilidad.

Nadie está exento de la persistencia de su propia "teoría silvestre previa" sobre lo que es psicoanalizar. Lo que está claro es que ante ella, Salamanca no tiene chances si el propio análisis no la ha llegado a interrogar. Interrogar con el peso que tienen las únicas preguntas que cuentan: las que vienen de las tripas, no las retóricas.

Lic Guillermo Cabado


(1) Es interesante que en uno de sus valiosísimos libros esta jefa de cátedra haya escrito "sujeto supuesto al saber". Sobre estas cuestiones de la sub posición de sujeto y saber al significante, con todas las consecuencias que eso tiene, sugiero el capítulo 14 del libro de Jean Allouch "Marguerite o la Aimée de Lacan": "La transferencia psicótica". Así como el seminario sobre la transferencia que dictara en 1998 Ricardo Rodríguez Ponte (supongo que debe haber copia en la biblioteca de la EFBA).

(2) Ese "lo que hace con lo que nos dice" conviene ponerlo a dialogar con estas dos precisiones extraídas de un viejo libro que vengo recomendando calurosamente, al punto de proponer grupo de estudio para abordarlo, "Letra por letra" de Allouch: "el agieren es lo que, del campo del hacer (die Tat) se encuentra determinado por el fracaso de la rememoración" y un poco después en relación a esto mismo: "yo nombro a esto el poner de relieve de la transferencia, que dicho en francés, le monter en épingle du transfert, connota además lo que tiene de engarzamiento, como el de una piedra preciosa en un alfiler de corbata (no perder de vista en esto la cuestión del agalma, me permito agregar yo) (...) una retoma de esta necesidad muchas veces destacada por Freud con la afirmación de que "nadie puede ser tué, matado (que se debe escribir igualmente tu es, tú eres) in absentia aut in effigie". (pag 233 y 238 respectivamente del citado libro)

.

martes, 4 de junio de 2013


UN GUSTO.

HABER TENIDO UNA PEQUEÑA PARTICIPACIÓN EN

"iluSORIAS"

homenaje a "Los sorias"
de ALBERTO LAISECA

EDITADO POR

EDITORIAL MUERDE MUERTOS


ESTE SÁBADO 8 de JUNIO a las 17hs 
LA PRESENTACIÓN EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

CLIC AQUÍ:


viernes, 10 de mayo de 2013


Nada falta en lo real, pero si experimentás la privación...


¡IMPRESIONANTE!
(no sé cuánto va a durar en la WEB)

LAS OBRAS COMPLETAS DEL Tata FREUD 
EN LA VERSIÓN DE JAMES STRACHEY

SCANNEADAS 
(lo cual implica que no hay dudas de que lo que estás leyendo es lo que encontrás también en la versión impresa)

CLIC:


(SE PUEDE BAJAR CADA ARCHIVO A TU PC, 
PERO SI LO CONSULTÁS ON LINE:
cuando ingreses a alguno de los tomos podés utilizar el buscador de tu navegador y escribir la palabra o frase que te permita ir directo a lo que estés intentando localizar)





viernes, 8 de marzo de 2013


ALMODOVAR EN "LACAN CON CINE"

UNA DE MADRES

O de por qué LA DEMANDA 
no es UN PEDIDO A SECAS



La madre vive con una de sus hijas, Rosi.
La otra hija, Leo, las va a visitar.
Y sucede el laberinto una vez...


Y aún otra vez...









"LACAN CON CINE"
Coordina
Lic Guillermo Cabado

lunes, 4 de marzo de 2013



LA REPETICIÓN
una escena de película (*)

“En los mismos ríos nos bañamos
 y no nos bañamos en los mismos;
y parecidamente somos
y no somos”
(Heráclito)

Termina el día.
Auggie está cerrando su tienda.
Justo entonces llega Paul a comprar cigarros.
El tendero vuelve a levantar la persiana
sólo por ese cliente con el que no ha cruzado más que algunas palabras a lo largo de estos años.

Es poco lo que Auggie sabe de él:
apenas que es un escritor de cierto nombre
y que es un tipo que no volvió a encontrar inspiración desde la muerte de su joven esposa.


Paul le paga y Auggie busca el cambio.

Entonces sucede el inicio de ese bello pasamanos que resulta ser

toda la historia de "Cigarros"...
,


Guillermo Cabado


(*) Se trata de "Cigarros" ("Smoke"), filmada por Wayne Wang con guión de Paul Auster. En la tarea de subtitular la escena me encontré con la decisión de traducir la cita que de un modo aproximado hace Auggie de las palabras de Shakespeare en la escena.

La cita original, en "Macbeth":

"Mañana y mañana y mañana. Se desliza con esta cadencia de nada, día tras día"

(acaso en mi traducción esté atenuando en algo el tono de Macbeth, pero me parece que conecta con el modo en que suena en la boca de Auggie:

"Tomorrow and tomorrow and tomorrow. Creeps in this petty pace from day to day"

"Macbeth", Acto V, escena 5, William Shakespeare).

PD para el lector con espíritu de juego: 
¿es ésta una cita oculta en la escena que imaginó Paul Auster?:


miércoles, 6 de febrero de 2013


Antes de que veamos en marzo a Anthony Hopkins interpretando a Hitchcock...


"PSICOSIS" (1960)
con
"TERCIOPELO AZUL" (1986)

EL OJO DEL FISGÓN


(de un juego de semejanzas
a
la transferencia en la psicosis
y en la neurosis)


El sábado pasado, 
lejos de estrenar la ya inevitable "Hitchcock" 
(donde Anthony Hopkins encarnará al maestro inglés en la historia que narra las peripecias de la filmación de "Psicosis" en 1960), 
  en el MALBA se pudo volver a ver "Terciopelo azul" de David Lynch. 

Me parece una buena oportunidad para 
servirnos de un hilo que atraviesa y vincula 
a "Terciopelo azul" y "Psicosis" : 
el ojo del fisgón (1).


(Jeffrey espiando a la enigmática Dorothy en el film de Lynch)

No caben dudas de que en ambas películas el drama se potencia a partir de sendas escenas de fisgoneo: 
el de Norman Bates en el motel 
y el de Jeffrey Beaumont encerrado en el armario del departamento de Dorothy. 

En los dos relatos se verifica una inmediata respuesta: 
el ataque a punta de cuchillo de una mujer con batón y peluca.

(Dorothy y su cuchillo le apuntan a Jeffrey )

 Ese ataque en ambas películas se dirige al fisgón...

Supongo aquí la objeción del lector: 
en "Psicosis" el cuchillo no se dirige al mirón de Norman Bates 
sino a Marion, en la famosa escena de la ducha (interpretada por la estrella de la época, Janet Leigh). 

Pero es que en el clásico de Hitchcock el fisgón está desdoblado (2). 

Y acaso éste sea uno de los puntos de interés de la historia del rodaje de "Psicosis" (historia que motivó la película que en marzo se estrenará en Buenos Aires con Anthony Hopkins en el papel de Hitchcock): 

el fisgón allí atacado está fuera de campo...

(otra mujer con batón, peluca y facón)

Hubo una serie de acciones que Hitchcock instrumentó durante el rodaje y en el acuerdo de distribución de su película con las salas, que denuncian la voluntad del "maestro del suspenso" de dirigir no sólo a los actores sino también al espectador (3).

Esa misma disposición del director se puede leer en la escena de la ducha: puso al espectador de inicios de los 60' a fisgonear al calor de la inminencia de una revelación... "¡está por verse el primer desnudo en Hollywood!, ¡ya viene!, ¡ya sucede!, ¡¿hasta dónde nos dejará ver de la desnudez de Janet Leigh?!...". 


(video no disponible en la versión por mail)

(si observan lo que sucede en esta escena a partir del minuto 1.23, notarán que hay una mancha que comienza a interferir al ojo. Es muy verosímil imaginar al director en la sala de montaje diciéndose: "el apetito del fisgón lo mantendrá inmerso en su cosa... hasta que ya sea tarde para salirse de la escena"). 

Se ha escrito mucho sobre el jansenismo de Hitchcock, la punición moral del deseo, su diálogo con el psicoanálisis kleiniano y sus madres superyoicas, etc, etc.. 
Pero es otro el asunto que aquí me importa: 
que el ataque al fisgón extienda el fuera de campo hasta incluir a la platea, problematiza el campo diegético.

Porque ya no se trata de lo que me cuenta Hitchcock (la historia de esa joven espiada por Norman y atacada por una "madre posesiva" que la ha tomado por puta)...
sino que se trata de lo que Hitchcock hace con lo que me cuenta. 

 Y éste es un punto que nos recuerda el problema del psicoanálisis:
¿analizamos los hechos sucedidos en la vida del paciente?,
¿o analizamos el hecho de lo que hace con lo que dice mientras me cuenta su vida?. 

(sólo en el primer caso la transferencia es pensada como repetición y queda reducida a ser una pista de lo que le pasó o le pasa al paciente afuera del consultorio)

Por cierto, el análisis del hecho del decir que se instala entre el analizante y el analista no puede ser el mismo que el que se juega en esta elucubración que estamos haciendo sobre el hecho del decir de Hitchcock. 

Porque en el caso de la película el director es amo de sus dichos. Está en posición de decidir qué decirme para provocar tal o cual cosa en mí, espectador.


(foto premeditada por Hitchcock durante la filmación y difundida para disponer al público a suponer una actriz interpretando a la madre del cuchillito...)

Muy otro es el hacer que leemos en lo que se dice en un análisis. Un hacer vinculado con el agieren freudiano (4), no gobernado por ese alguien que nos habla y que hablando pretende representarse. Ya no se tratará de un alguien sino de sujeto.

Aún así, hay en este cambio de registro (de lo que me cuenta a lo que hace con lo que me cuenta) un interés central para el modo de escuchar las historias por parte de un psicoanalista (5). 


(Norman Bates espiando a la rubia Marion a través de un agujero en la pared)

Pero algo más pone en serie a ambas películas. Es que los dos personajes fisgones reciben una demanda posterior: lastimar a la mujer espiada.

En un segundo envío pasaremos entre el "hit me" ("golpeame") que Dorothy le dirige a Jeffrey en "Terciopelo azul" y esos golpes de cuerda que se entrelazan, en una continuidad digna de un nudo de trébol, con las imágenes de cuchilladas y con los cortes sucesivos escritos por el montaje de Hitchcock y que configuraron un hit que hoy en día hasta se escucha en los teléfonos celulares.

A través de ese pasaje llevaré agua para mi molino: hablar de la transferencia en la psicosis y la neurosis.

(afiche en el que se le advertía al público que no se le permitiría el ingreso a sala una vez iniciada la proyección: "se exige que usted vea Psicosis desde el mismísimo comienzo")


Para lo cual tendremos que ir a un campo que ya no es el del cine, aunque sigamos sirviéndonos de sus escenas. Porque, como decía el año pasado en ocasión del estreno de "Un método peligroso"(6), la transferencia no puede ser filmada. Y eso por las mismas razones que psicoanalizar no es traducir signos patognomónicos ni hacer clínica de la mirada.




(tu bi contiñud)

(permítanme esta transcripción 
después de haber hablado de traducción. 
Su serie presentifica por ausencia el tercer elemento, 
clave en la lectura que sucede en un psicoanálisis:
la transliteración.
Hacia ella nos dirigiremos)


Lic Guillermo Cabado 





(1) Siempre con el interés puesto en servirnos de fragmentos de la película de turno como disparadores para pensar alguna de las problemáticas del consultorio psicoanalítico (y lejos del "psicoanálisis aplicado" a la explicación de películas)

(2) Así como en el film de David Lynch el fisgoneo tiene una doble vuelta (en la primera Jeffrey espiará a Dorothy, en la segunda a una suerte de remake de la escena primaria freudiana: el brutal Frank y su posible fetiche de terciopelo azul que, cual cordón umbilical, lo une a la enigmática Dorothy... Digo "posible" porque gracias a Freud sabemos que el estatuto de fetiche no se define a nivel del fenómeno sino a nivel del estatuto significante que podamos localizar como constituyéndolo (donde el "glance" inglés no traduce al "glanz" alemán sino que lo translitera).   

(3) En el DVD con el que se distribuye "Psicosis" podrán encontrar un documental con una serie de reportajes al guionista, a la hija de Hitchcock y a Janet Leigh entre otros donde aparecen una serie de historias al respecto.

(4) "El agieren es lo que del campo del hacer (die Tat) se encuentra determinado por el fracaso de la rememoración", decía Jean Allouch en su valiosísimo "Letra por Letra". Esto es: un hacer que no se ubica sin el fracaso de la rememoración, lo cual nos da un puente para vincularlo con el aspecto que Freud pensó como obstáculo y motor en "La dinámica de la transferencia". El problema de aquel texto está en ese final donde dice el "hacer actual y manifiesto los impulsos eróticos ocultos y olvidados": la transferencia atada a la repetición por la hipoteca de la representación.

(5) Algo de eso es lo que Lacan apuntó respecto del hacer del narrador Poe en su cuento "La carta robada" con el que decidió abrir sus "Escritos" : "Desde un principio, se distinguirá en él un drama, de la narración que de él se hace y de las condiciones de esa narración".

(6) Toda aquella serie de posts sobre la relación de Freud con el cine y la película de Cronenberg se puede leer aquí: http://rumorosa.blogspot.com.ar/search/label/Un%20m%C3%A9todo%20peligroso