"KUNSTBAR"
de The Petrie Lounge (Whitehouse animation).
PSICOANÁLISIS, UN TRATAMIENTO DEL MALESTAR.
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EROTISMO TEXTIL
Del arte, su hacer y no su producto
(dos cuentos de Lacan inspirados en Freud)
ALGUNAS FOTOS DE LA PRESENTACIÓN EN EL ESPACIO DE ARTE OBJETO a
(sábado 2 de mayo de 2009)
“La próxima edición de la Bienal de Arte Textil pone el foco en aquellos artistas
que eligen expresarse a través de fibras y tramados, resignificando con su trabajo el
propio concepto de “arte textil”, para deslimitarlo y hacerlo explotar en sus múltiples
connotaciones de sentido”
(reglamento de la convocatoria a artistas para V Bienal de Arte Textil)
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Leo un pasaje de “La muralla y los libros” de Borges, ato la punta de un ovillo de lana a la pata de una de las sillas del auditorio y pido a quien allí está sentado que haga rodar el ovillo hacia donde se supone debe estar quien expone.
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Freud, conferencia nro 33, “La femineidad”:
“La vergüenza (...) la atribuimos al propósito originario de ocultar el defecto de los genitales. No olvidamos que luego ha tomado sobre sí otras funciones. (...) (Las mujeres) son tal vez las inventoras de una técnica: la del trenzado y tejido. Si así fuera, uno estaría tentado a colegir el motivo inconciente de ese logro. La naturaleza misma habría proporcionado el arquetipo para esa imitación haciendo crecer el vello pubiano con la madurez genital, el vello que encubre los genitales. El paso que aún restaba dar consitió en hacer que adhirieran unos a otros los hilos, que en el cuerpo pendían de la piel y sólo estaban enredados. Si ustedes rechazan esta ocurrencia por fantástica (...) nada podré aducir en mi defensa”.
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1) “El defecto de los genitales” no es opinión de Freud sino una significación que él escucha que varias de sus pacientes le dan al hecho puntual de la diferencia anatómica entre varones y mujeres.
2) Fundamental: a pesar de lo que habitualmente se piensa, FREUD, a lo largo de toda su obra, NO HABLA DE SEXO... habla de aquello en lo que las personas PIENSAN mientras tienen sexo.
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Paso el ovillo a otro participante del público. Ata el hilo a una pata de su silla y pasa el ovillo hacia atrás. De antemano he decidio introducir en este encuentro un mínimo elemento performático, heterogéneo al discurso psicoanalítico, para que entren ambos en fricción.
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En su seminario VII Lacan se mofa de los simbolismos hallados por ciertos psicoanalistas en ese asunto del tejido y el vello púbico. Pero no se mete con Freud. Para ello sólo hay una explicación: el cuerpo del que Freud hablaba no es el cuerpo de la anatomía ni el de la sexología.
Por eso Lacan inventa dos cuentos: para desplegar esa diferencia entre el cuerpo del psicoanálisis y el otro (el que vemos en los tomógrafos, en los espejos y en los quirófanos).
Me permito hacer de esos dos apólogos mi propia versión para que en ellos resuene lo que Lacan ha venido tejiendo a lo largo del seminario.
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El Paraíso.
Eva está sin ropas, pero no desnuda.
Hasta que Adán le arranca un pelo.
Ahora sí, ella siente la desnudez.
Al día siguiente se aparece con un tapado de visón.
Esa desmesura femenina que no se reduce a ningún exceso de medida. Una desmesura que va mucho más allá del “¡qué escandalosa!: ¡¿cientos de pelos por apenas uno que has perdido??!”. Ese sentimiento de desnudez no tiene relación con el cuerpo anatómico sin ropas, aunque éste participe de aquél.
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Adán, sin saber, causa la primera obra de arte textil... a condición de que no entendamos aquel tapado de visón como “vestimenta de un cuerpo sin ropas”, sino como un tejido que bordea ese no sé qué que se agita en Eva a partir de la marca del pelo que falta.
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La idea del ovillo en la charla implica una simple secuencia: ir tramando una red de lana alrededor de las patas de las sillas a medida que en la charla yo vaya planteando algún eslabón teórico. En ello una pequeña y silenciosa provocación: ¿acaso algo de lo que será dicho en esta ponencia, y que se vincula con el tejido de cierta red, es pasible de ser representado por una red de lana?. Éste es uno de los problemas que rara vez se abordan en la relación entre arte y psicoanálisis: si entre ellos hay algún cruce, ése no sucede en el plano de los contenidos ni de las ilustraciones.
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San Martín de Tours tiene el famoso cruce con el mendigo, que inspirara a más de un artista. Lo que sigue no está dicho por Lacan pero respira en el espíritu de su desarrollo, por tanto aquí lo pongo en juego:
Algo de lo que le llega del mendigo le hace correr a San Martín un frío por la espalda. En seguida el gesto conocido: corta la capa y le entrega la mitad. Al día siguiente San Martín va a análisis. Habla del episodio y dice “ese hombre estaba des... tenía frío; entonces lo abrigué”. El analista le pregunta qué es lo que iba a decir e interrumpió. San Martín: “que ese hombre estaba desnudo”. “¿Por qué interrumpiste la frase?”. San Martín: “es lo mismo: desnudo, sin ropas”. “Sí, pero por lo visto no es lo mismo para vos”.
A partir de allí San Martín teje de un modo particular algo que da cuenta de que no es igual el tranquilizador “tiene frío” que el frío en la espalda causado por lo que de ese hombre le llega. Un frío en el cuerpo que habla de lo que en San Martín se agita.
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A vos te digo:
lo textil produce un cuerpo que no viste.
Que no viste en ninguno de los dos relatos.
Entre
el cuerpo que lo textil no viste, no envuelve,
y
lo que no viste como cuerpo en esta historia
(el cuerpo no anatómico, el que está en juego en el sentimiento de desnudez de Eva y en el del frío en la espalda de San Martín)
que quede resonando el cuerpo que en un análisis se toca....
Ése que se produce en el tejer significante que sucede en el insólito entre-dos de un consultorio.
Un decir que no importa por los dichos
sino por el erotismo en juego en el hacer con la textura textil del texto
Lo textil produce un cuerpo que no viste.
Sí, a vos te hablo.
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"No serás autoritario con tu paciente"

Veamos:
(el siguiente video pertenece a una instalación de Lynda Abraham (*), gracias a la espléndia ironía de sus máquinas utilitaristas me permití imaginar la situación expuesta)


Lejos de ello, el problema está en
no poder parar de recordar y recordar y recordar
.
Por ello la clave de la cura analítica no está en reflotar vaya a saber qué recuerdo.
Más bien habrá que buscarla por el lado de la transferencia.

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Nota al lector en general: estas últimas líneas pueden regarse con la película "El efecto mariposa"
Nota al lector interesado en literatura psicoanalítica: acaso todo lo aquí desarrollado no sea más que un efecto de lo trabajado en el último tiempo con los grupos de estudio alrededor del seminario VII de Lacan. Sugiero seguir en ese libro los ecos de estas líneas, con un posible epicentro en sus páginas 268 y 269 de la edición de Paidós
(*) He aquí el sitio de la neoyorquina Linda Abraham. ¡Salud a su obra!: http://www.lyndaabraham.com/
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(hagan la prueba, como analistas o analizantes)
a poco de abrir la oreja, se verifica, una y otra vez, lo siguiente:
la escena que el paciente recuerda hoy, ya había sido recordada ayer pero distinta. Y mañana la volverá a recordar en aún otra versión y así otra más pasado mañana y todavía otra más pasado de pasado y ...
De allí proviene la tentación de pensar que el recordar en psicoanálisis es como un viaje al centro de la tierra (o al centro de una cebolla): la suposición de que llegará un día en el tratamiento en que, atravesadas todas las capas, habrá de llegarse a una suerte de núcleo a extirpar (y así curar al paciente).
Pero...
¿y si no hubiese núcleo ni profundidad alguna en la que sumergirse, sino una pura superficie en la que los recuerdos se deslizan al infinito?.
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¿Qué viraje implicaría eso en el modo de escuchar a un paciente?.
Apurarse a responder sólo sería esconder el problema.
Mejor insistamos aún un poco más en él:
¿Han visto "El efecto mariposa" (1)?
(si tu navegador no te lo permite ver podés verlo con un simple clic aquí:
o instalar los plug in de Adobe Flash)
Quien oportunamente la haya visto, acaso ahora haya sentido cierta extrañeza:
es que acaban de ver un final diferente al original de la película.
Es uno de los cinco finales que los directores decidieron filmar (2).
Quizás esa decisión haya estado influenciada, aunque más no sea de un modo inadvertible para ellos mismos, por lo que voy a postular a continuación:
Los invito a mirar, o volver a mirar, toda "El efecto mariposa" desde esta óptica:
el único límite del recuerdo
es que el recuerdo no tiene límites.
La historia en el film gira alrededor de Evan, el muchacho que ven en estas imágenes, quien ha vivido traumáticamente ciertos episodios de su vida. La rubia con la que aquí lo ven cruzarse, Kayleigh, amada por él, ha participado de esos episodios traumáticos.
Toda la película se dirige hacia los intentos de Evan de tejer una trama de su pasado que lo deje más tranquilo. Una y otra vez cambia y recombina recuerdos... pero el malestar persiste una y otra vez.
Como sea, más allá del argumento que la sostiene, lo que sucede en la trama es que el conjunto de los recuerdos nunca termina de constituirse, siempre hay uno más por venir: su cierre fuga al infinito.
Por cierto, cuando algo de esto sucede, se suele apelar a un modo de "cerrar el círculo" de los recuerdos. Si ahora nos apoyáramos en la tan mentada teoría de los conjuntos podríamos explicarlo (3). Temo que ello exceda el alcance de este espacio (pensado para producir disparadores de preguntas). Baste por ahora con apuntarlo.
Sin embargo no pasaremos por alto que la película produce, como puede, esa operación de cierre (acaso, quién sabe, aquella multiplicación de finales responda a cierto sentimiento de cierre fallido, como si el juego que los guionistas de la película le hacen jugar al personaje de Evan los haya tomado a ellos mismos):
La idea que orienta a los guionistas es que Evan podrá hacer pie en su vida, recibirse de psicólogo y etcétera, etcétera, en la medida en que finalmente pueda decir "he aquí el conjunto de todos los recuerdos de lo que me ha pasado".
Es decir: una vez que el conjunto se cierre.
Y Evan ya no necesite seguir intentando recombinar recuerdos.
¿Y cómo se produce dicho cierre en la película?,
¿cómo se detiene esa suerte de hemorragia de recuerdos?:
EXCLUYENDO un recuerdo de la batería.
Sugiero ver el final oficial de la película con esta clave.
He allí una pista para seguir pensando el problema freudiano de la compulsión a la repetición, más allá del sesgo fantástico del argumento del film (4).
Hasta la próxima.
Guillermo Cabado
(1) Película de Bress y Mackye Gruber. A mi juicio sin mucho valor artístico, pero provechoso mapa donde poner a jugar el cómo produce Lacan la red de significantes a partir del planteo freudiano de la compulsión a la repetición (wiederholung zwang).
(2) Al respecto pueden ver el siguiente reportaje a los directores en: http://www.esmas.com/espectaculos/cine/370591.html
(3) Invito a leer sin prisa, entre escena y escena de la peli, las páginas 75 y 76 del Seminario XI de Lacan (versión Paidós). Bastará con que donde Lacan dice "reserva de indios" ustedes, en la lógica de "El efecto mariposa", ubiquen a la rubia Kayleigh.
(4) En el contexto de trabajo de "Lacan con cine" suelo proponer un sereno recorrido que cruce el famoso cuento de Edgar Allan Poe, "La carta robada" con una secuencia de películas que bien pueden ayudar a pensar este planteo paso por paso: "¿Qué hora es?" (Ettore Scola) -> "La sociedad de los poetas muertos" (Peter Weir) -> "Como agua para chocolate" (Alfonso Arau) -> "El efecto mariposa" (J. Mackye Gruber y Eric Bress)
¿Qué es esta frase, qué hace esta cosa aquí?. No es una consigna que me permita el rápido punto a punto. Allí esta la flecha invitándome a continuar montado en la lógica del videojuego. Pero esta frase... En algún rincón de la interacción se me ha metido un caballo troyano. Pronto me sobrepongo. Hago click entonces en la flecha y me zambullo en el segundo nivel. Pero...
... Pero ya no hay videojuego: me topo con la imagen fija de "un seguridad y un detenido". Paso el cursor pero no detecto ningún signo, ningún comando por ejecutar. No hay lugar para el ping-pong de la interacción. Cesó la ilusión cinética y aparece el peso de lo sin vida que toda imagen conlleva (5). Sin embargo ese observable que tengo delante de mi nariz pone otra vez en juego la dimensión de lo “por verificar”; pienso: “esto debe querer decirme algo”.
Entonces necesito retroceder al primer nivel, allí donde dejé aquella frase.
“SEPARAR
LO OBSERVABLE Y LO IMPOSIBLE DE VERIFICAR
He pasado del instante de ver al tiempo de comprender. (continuará)
FIN DE LA PRIMERA ENTREGA.
Guillermo Cabado
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(5) Al respecto de lo muerto de la imagen, se puede ver mi comentario sobre la muestra en C.C.Recoleta de Ananké Asseff en: http://cabado.blogspot.com/2007/12/ananke-asseff-el-gesto-en-el-gesto.html
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